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Un baño de multitudes para una cabalgata gominola

El buen tiempo y, sobre todo, la ilusión de ver a Sus Majestades de Oriente llenaron el recorrido de las carrozas, que discurrió con normalidad y rapidez.

el 05 ene 2013 / 16:07 h.

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Sol en las primeras horas, buena temperatura al caer la tarde y mucha ilusión. Con esos tres ingredientes salieron ayer los sevillanos a recibir, como cada año, a sus Majestades de Oriente, que durante todo su recorrido por las calles de la ciudad se dieron un auténtico baño de multitudes. Sin parones ni retrasos -aunque los nervios hicieron la espera larga a más de uno-, las 33 carrozas de la Cabalgata completaron su paseo sin incidentes graves y dejando un manto de caramelos a su paso, eso sí, este año muchos de ellos blandos y en bolsitas.

 

La espléndida tarde -"no se podía recibir a los Reyes Magos con una luz mejor", presumió el alcalde, Juan Ignacio Zoido, tras la coronación en el balcón de la Universidad Hispalense- hizo que este año no colara el truco de llevarse el paraguas para ponerlo del revés -aunque alguno se vio-. Pero lo que ya parece un complemento ineludible es la bolsa, muchas de tela que cada vez somos más ecológicos, para guardar el botín. Y ya no se compone solo de caramelos, duros o blandos, sino de gusanitos, regaliz, pelotas de goma -las más codiciadas las de tenis de Gaspar-, cromos de fútbol, pegatinas, yo-yos, paquetes de muñequitos de plástico y unos voladores con luces con los que Baltasar hizo furor, sobre todo porque la tardanza en caer y los cambios de trayectoria mantenían en tensión a grandes y pequeños para tratar de cazar uno.

Melchor, Gaspar y Baltasar, a quienes sus beduinos coreaban a la salida -"Yo soy de Melchor", cantaban los del primero mientras los de Baltasar le gritaban "torero"- e hicieron botar varias veces durante el recorrido (tampoco la Estrella de la Ilusión se libró), demostraron estar en forma y no defraudaron. "A golpe de smash" el segundo y "de media verónica" el tercero no pararon de saltar, saludar y atender las peticiones de los más pequeños... y de sus padres, que lo dan todo para llenar la bolsa de sus hijos. "Olé tú, te van a traer una hartá de cosas los Reyes", le gritaba un padre a uno de los niños del barco pirata que acertó al lanzarle una bolsa de gusanitos (con tanto ímpetu salieron que todos los niños de esta carroza llegaron sin ningún caramelo ya en Plaza Nueva). Schehezade, de Las Mil y una noches, pedía paciencia (imposible a esas alturas) antes de lanzar el primer puñado, salpicado de confeti, al salir.

Confeti que también lanzaba de cuando en cuando el cohete de la carroza de la payasa Yupita. Y junto a los Reyes, destacó el brío de Cleopatra y Marco Antonio lanzando caramelos, por lo que el nombre de la última faraona egipcia fue bastante coreado, o la animación de los integrantes de La Fábrica de Chocolate mientras al Mago de la Fantasía le recibían al grito de "Betis, Betis", con bandera incluida en la calle Feria.

Fue al entrar la Cabalgata en esta calle cuando, coincidiendo con el encendido del alumbrado navideño de las calles, también se encendieron las luces led de las carrozas (la del Puente de Triana tardó más que el resto y discurrió un rato algo oscura). Algunas de las carrozas, como la de la Policía Local, ganaron con las luces del semáforo y del coche patrulla encendidas, o la de Hansel y Grettel, con la casita de chocolate iluminada. Precisamente, junto a esta carroza a su paso por la Ronda de Capuchinos se produjo el único incidente reseñable de la tarde cuando una voluntaria de la organización tuvo que ser trasladada al hospital Macarena al tropezar y pillarle el pie la carroza. S.L.H., de 21 años, sufre "una fractura en el quinto metatarsiano del pie izquierdo" y tras ser atendida fue dada de alta y dijo encontrarse "muy bien".

Eso sí, algunos preguntaban por los personajes más populares de los dibujos animados que a causa de los derechos de autor han hecho que el Ateneo vuelva la vista hacia los cuentos clásicos. Con todo, Dora La Exploradora y Bob Esponja estuvieron bien presentes en los globos de los vendedores que salpicaron todo el recorrido. En la Ronda Histórica alguno se metió incluso entre el cortejo de beduinos y en Reyes Católicos proliferaban los puestos no solo de globos sino de palomitas, castañas, buñuelos y todo tipo de bienes consumibles.

Melchor necesitó un leve retoque en el atrezzo en la Plaza Nueva, que solventaron sus pajes ante el regocijo del gentío. Y es que el público sevillano estaba entregado. Lo mismo coreaba el popurrí musical interpretado por las bandas que acompañan al cortejo -desde Ya vienen los Reyes Magos o Tengo una muñeca vestida de azul a Sevilla tiene un color especial o el homenaje a los payasos de la tele con Vamos de paseo o Cómo me pica la nariz- que hacía que los bomberos que cerraban la Cabalgata tras Baltasar hicieran sonar la sirena del camión por petición popular.

Entre cánticos, sirenas, gritos para captar la atención de sus Majestades y algún caramelazo discurrió un cortejo que brilló, como el día, en todo su esplendor y a un ritmo más ágil del previsto. Luego los Reyes visitaron a los niños del hospital Macarena antes de ir casa por casa dejando sus regalos.


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