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Un borrón poco oportuno y que sirve de aviso

La buena racha llegó a su fin. Tras siete jornadas mantiéndose invicto, el equipo de Manolo Jiménez dobló la rodilla. Sin fútbol, sin acierto y también sin suerte, el Sevilla vio cómo se aleja el segundo puesto y deberá espabilar para conseguir cuanto antes su pase a la Liga de Campeones.

el 16 sep 2009 / 01:15 h.

La buena racha llegó a su fin. Tras siete jornadas mantiéndose invicto, el equipo de Manolo Jiménez dobló la rodilla. Sin fútbol, sin acierto y también sin suerte, el Sevilla vio cómo se aleja el segundo puesto y deberá espabilar para conseguir cuanto antes su pase a la Liga de Campeones.

Hay tardes en las que uno, por mucho que lo intente, está negado. Y esto fue lo que le sucedió frente a un Getafe que jugó sus bazas y supo aprovechar uno de sus contados zarpazos para alejarse del descenso. La derrota no hace un especial daño al equipo de Jiménez en su lucha por la Champions, pero sí en su deseo de dar caza al Real Madrid, a doce puntos de distancia ya. En estos momentos, la ventaja sobre el cuarto puesto, ahora en poder del Valencia, es de ocho puntos, y ojo porque es el próximo rival. Por eso, urge espabilar para no complicarse la vida en el momento clave, ya que luego llegarán Barcelona, Real Madrid, Villarreal...

Tal como sucedió en el último disputado en casa, frente al Valladolid, al Sevilla se le atragantó más de la cuenta el partido. En realidad, se le atragantan muchos equipos que visitan el Sánchez Pizjuán. Su promedio de puntos por encuentro es superior a domicilio (2) que en casa (1,8). Y no es fácil analizar este hecho, pues las causas son diversas. Ayer, por mucha voluntad y empeño que puso, el juego del Sevilla no fue brillante porque, en realidad, la gran mayoría de sus integrantes no tuvieron su mejor día. Faltaron ideas, serenidad, afinación en los pases, chispa... Y así es imposible. Si a ello se une que el Getafe supo defenderse bien y se alió con la suerte en momentos puntuales (dos remates nervionenses al poste, el primero de Luis Fabiano y el segundo de Kanouté), el resultado nunca podía ser positivo. Ni los cambios, que surtieron cierto efecto, lograron cambiar el sino de un partido para olvidar y del que aprender.

La baja de Duscher propició el regreso del defenestrado Maresca, pero ni él ni Renato, su acompañante en el doble pivote, ni Romaric -falso interior zurdo primero y organizador en la segunda parte- encontraron la fórmula. El italiano, sacando un buen remate desviado por el meta Stojkovic, firmó una de las dos ocasiones claras del Sevilla antes del descanso. La otra fue para Squillaci, bastión de la zaga hasta su fallo en la jugada del 0-1, porque Drago -Escudé fue suplente- no mejoró a Mosquera. Con Jesús Navas en un papel menos estelar que otros días y una pareja de delanteros que se hizo previsible por el errado camino que el equipo tomó en busca del gol, el Getafe lograba aguantar el pulso y hasta apretaba.

NUEVOS AIRES. Perotti sustituyó a Maresca y Romaric pasó al círculo central para intentar cambiar el guión del partido. El argentino puso un buen balón a Luis Fabiano nada más salir que el brasileño estrelló en el poste. La posesión era del Sevilla y la suerte, del Getafe. La posterior entrada al campo de Diego Capel -por Jesús Navas, sintomático- para jugar por la derecha generó peligro, aunque el juego del equipo, ansioso, sin acierto en los pases que rompen y cada vez asumiendo más riesgos, no le benefició.

Para colmo, Squillaci, intratable hasta entonces en la zaga, perdió un balón ante Gavilán, éste se coló sin oposición alguna -Drago duda y no le entra- y marcó el 0-1. A la desesperada, colgando balones, Luis Fabiano cabeceó desviado una falta lateral y poco después Kanouté estrelló la pelota en el palo, tras cabecear un centro de Adriano. Hacer un gol parecía imposible. Definitivamente, los futbolistas más determinantes del equipo no tenían su día. La derrota fue acogida con silbidos por parte de la afición, que esperaba más ante un adversario que lucha por eludir del descenso. El reto de dar caza al Real Madrid se complica aún más.

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