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Un botellódromo de interior

Una nave cerrada funciona como discoteca pero vendiendo lotes en vez de copas.

el 11 sep 2011 / 19:28 h.

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La crisis económica agudiza el ingenio no sólo de los jóvenes, que quieren divertirse como siempre al precio que nunca les costó, sino también de los empresarios, que encuentran en las nuevas estrecheces oportunidades de negocio.

Un ejemplo es el botellódromo que acaba de abrir en el polígono Santa Lucía de Los Palacios y Villafranca, el primero de este tipo en la provincia: una nave cerrada de mil metros cuadrados que previsiblemente se convertirá en otoño en la única discoteca, al haber cerrado todas las demás. Habida cuenta de que la recesión no remite, puede que otros pueblos sigan la receta.

Para el bolsillo de una mayoría de jóvenes es insostenible pagar cinco o seis euros por una sola copa, o que sólo entrar en una discoteca les cueste otro tanto. Así, el recientemente inaugurado botellódromo palaciego no les cobra a sus clientes nada por entrar y pueden hacer sus botellonas bajo techo y a un coste muy por debajo del usual: 17 euros por una botella de licor -a elegir-, dos litros de refresco, cuatro vasos y bolsa de hielo, lo que constituye un lote propio de botellón para el que cada miembro del grupo tiene que aportar poco más de cuatro euros.

En el botellódromo no hay pista de baile propiamente dicha, pues cualquier sitio es bueno para ello; no abundan las copas, sino los lotes, que cada pandilla distribuye a su gusto por el suelo o por soportes dispuestos para ello; varios porteros controlan que no haya peleas; un par de gogós bailan entre las bebidas, y un speaker, en vez de un disc-jockey, es el encargado de animar al personal a moverse.

Pero la gente va allí a lo de siempre, aunando las funciones de parque público y discoteca. "Lo que pasa es que aquí no molestamos a nadie, no dejamos basura en la vía pública y encima tenemos a la juventud recogida", dice Miguel Salvador García, uno de los tres socios que se han aventurado en esta iniciativa a la que el Ayuntamiento palaciego no ha puesto ninguna pega.

"Tenemos todos los papeles en regla; una licencia de bar con música", asegura este empresario que ha invertido en el botellódromo alrededor de 14.000 euros. "Sólo había que acondicionar la nave, colocar la barra de mampostería, los extintores... y ya el gasto corriente de las bebidas, las camareras, etc.", añade.

"Hemos tenido que aprovechar el vacío legal que existe al respecto", explica Alberto Báez, otro de los socios, que junto a su compañero Antonio Begines está muy esperanzado en que la experiencia sea un éxito "no sólo empresarial, sino social". Miguel, Alberto y Antonio no tuvieron que pensar mucho a la hora de buscar un acrónimo para el nombre de su botellódromo: Mialán, que suena hasta exótico para los tiempos que corren.

Es posible que el nuevo botellódromo convenza más que el que inauguró el gobierno de IP-IU nada más tomar posesión del cargo en el mismo polígono y con financiación privada, valló un descampado de albero para concentrar allí a la juventud los fines de semana. No tardaron en llover las críticas, principalmente por parte del PA, tras comprobar que los trabajadores del polígono tenían que convivir los lunes con la suciedad y las botellas vacías.

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