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Un brazo de leyenda

La ampliación de la protección del Brazo del Este trae a la actualidad una zona desconocida por los sevillanos a pesar de estar a un tiro de piedra y de que los bikers de Trans- Andalus hayan trazado una ruta por ese paraje y los colindantes.

el 15 sep 2009 / 04:33 h.

La ampliación de la protección del Brazo del Este trae a la actualidad una zona desconocida por los sevillanos a pesar de estar a un tiro de piedra y de que los bikers de Trans- Andalus hayan trazado una ruta por ese paraje y los colindantes. La norma protectora valora, como es lógico, sus cualidades medioambientales pero, junto a la descripción del lugar y al inventario de especies vegetales y animales, como es menos lógico y sin embargo frecuente, no se divulgan referencias a su historia, su literatura o sus personajes; parece que la ría del Guadalquivir, además de producto de la pugna entre las aguas fluviales y las marítimas, no fuera asimismo el resultado del esfuerzo de sus habitantes por domarlas y de las culturas que se depositaron.

Desde Ora Marítima -quizás desde antes- esos enclaves generaron técnicas de cultivo y de pesca, carpintería de ribera y, sobre todo, la intuición poética que colocó allí a Gárgoris, Habis, Tartessos..., que hizo nacer y perdurar la leyenda. Por eso cuando Fernando Villalón se fue a La Señuela, en Lebrija, imaginó en su llanura los rebaños de Gerión, escribió La Toríada y realizó con Manuel Halcón y Rafael Porlán una colonización surrealista de Tarfía. También hay que proteger todo eso, también todo eso puede a su vez proteger. Desdeñarlo, pensando que el Brazo del Este es Yellostone, es tan surrealista como la obra del poeta.

Antonio Zoido es escritor e historiador

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