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Un bromista con férrea autoridad

Excelente contador de chistes, lleva 22 años en el PP. Becerril lo aupó, Tarno lo consagró

el 05 oct 2012 / 20:51 h.

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Juan Bueno.
Combinación harto rara, pero ahí está, camisa a cuadros de Carolina Herrera y dos pulseras de estilo hippie, éstas las lleva desde hace nueve años cuando nacieron sus hijos gemelos. Juan Bueno nació en el barrio de la Macarena, aunque actualmente reside en Nervión, cerca de la catedral del Sevilla Fútobol Club. Qué le vamos a hacer, dice socarronamente, ha de haber béticos distribuidos por todo el mundo.

Quizás por los ancestros salmantinos, nunca salió de nazareno ni perteneció a hermandad alguna, pese a gustarle la Semana Santa como al que más, y sus hijos se colocan la túnica del Carmen Doloroso, no de La Macarena, por qué, es una larga historia. Cuarenta y nueve años tiene, tres niños, y es amante del cine, sobre todo por la tele, y de la lectura -último libro leído, Blues de Trafalgar-. Pero, sobre todo, a lo que no renuncia -o al menos lo intenta- es a una cita: la que tiene con un grupo autodenominado Los Amigos del Jueves, colegas de la infancia de Juan con los que queda una vez por semana -no hace falta decir el día-. Con ellos da rienda suelta a su vena humorística, ya que los más cercanos cuentan que es un excelente contador de chistes digno de El Club de la Comedia.

Al responder a la pregunta y usted quién es, sus primeras palabras son "un padre de familia", y las siguientes hablan de un "militante del PP de muchos años". Tantos como 22 años, cuando se plantó en la sede del PP -la antigua, no la de calle Rioja- y le encomendaron encargarse de patearse el coto más vedado para la derecha como es la Sierra Sur. Sus inicios fueron de militante de base, repartiendo papeletas y pateándose la provincia sin pensar si algún día su nombre figuraría o no en los carteles. Su buen hacer llegó a oídos de Soledad Becerril, que lo acogió como asesor, y después por el por aquel entonces delegado del Gobierno, José Torres Hurtado, que lo fichó como jefe del gabinete. Tras tanto trabajo de puertas adentro, dio el salto a la política de la mano de otro miembro de la camada del PP de 1990, Ricardo Tarno asumió el mando en el PP sevillano y lo quiso como mano derecha. "Ha estado siempre a la altura de las circunstancias", defiende su amigo de andanzas. Al igual que hubo ayer unanimidad en su elección como presidente, los compañeros de partido defienden que siempre le ha tocado hacer "el trabajo sucio". Como el que ha desarrollado durante 11 años en la Diputación de Sevilla, donde fue feroz en sus críticas a la gestión socialista. "No están ni se le esperan", era su coletilla para atacar al presidente de la Diputación, llámese Luis Navarrete o Fernando Rodríguez Villalobos.

Su virtud es el que no tiembla en el debate político, donde siempre ha tenido el aguijón listo para atacar a su rival. Todo lo contrario con los suyos. "Nunca ha dado un codazo a nadie para escalar", defiende un histórico parlamentario que lo califica como "todo un hombre de partido".

En la provincia quiere emular el efecto Zoido, del que dice sentirse y formar parte, porque su gran reto es ganar las elecciones en 2015 y finiquitar la histórica hegemonía socialista en Sevilla. Su pasaporte para la victoria, asegura, será la mejora de la economía y del desempleo cuando comiencen a dar sus frutos las medidas del Gobierno del PP. Ofú.

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