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Un cambio de ciclo en Sevilla

Ni el PSOE ha sacado su peor resultado por el paro ni el PP ha obtenido la mayoría más aplastante por coyunturas externas.

el 28 may 2011 / 18:10 h.

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Nuevo escenario. Una semana después de unas elecciones cuyos resultados sorprendieron incluso al dirigente del PP más optimista y una vez que los partidos han tenido tiempo para digerir el nuevo escenario político de Sevilla, parece asumido por todos que las causas del 22-M no se limitan a la crisis y a un tsunami de cambio a favor del PP en todo el país. Ni el PSOE ha sacado su peor resultado de las últimas décadas y ha visto como más de 30.000 de sus votantes se iban al PP por la situación económica y los datos del paro; ni Zoido ha obtenido la mayoría absoluta más aplastante que ha existido en el Consistorio por circunstancias externas, ni IU se ha estancado porque su discurso a nivel nacional no consiga presentarse como alternativa real de gobierno ante una compleja coyuntura económica. Los comicios se han decidido en Sevilla, y es a nivel local y provincial donde los partidos derrotados deben realizar una profunda reflexión inter-na con capacidad de autocrítica para afrontar lo que apunta a un cambio completo de ciclo político.


El PSOE de Espadas. Los socialistas han iniciado con demasiadas limitaciones su proceso de reflexión interna. Durante las primeras horas, con un débil discurso, la dirección se limitó a señalar públicamente a la crisis, mientras se empezaba a gestar la que sería la línea empleada luego por su candidato Juan Espadas: el desgaste de la gestión de Monteseirín. Pero el verdadero debate interno aún está por llegar y las claves no se apuntan sólo desde el conocido como sector crítico, sino prácticamente desde cualquier dirigente socialista. La estrategia, la campaña, el modelo de sucesión no han funcionado. Con 98.000 votantes y 11 concejales el PSOE parece haber tocado su suelo. Y, si es así, ¿de qué ha servido tanto conflicto interno, la expulsión de Monteseirín y la designación de un candidato de fuera? Si Espadas es mejor candidato de lo que fue Monteseirín, ¿qué ha fallado? Lo primero, como apunta el que fuera candidato, una errática gestión condicionada por un segundo factor determinante: el proceso interno de relevo incumpliendo la máxima política de que a los alcaldes los quitan los ciudadanos. El gobierno lleva meses fuera de juego, desde que al regidor se le comunicó que ni él ni su apuesta, Alfonso Rodríguez Gómez de Celis, serían candidatos, y sobre todo, desde el teletipo de despedida de Griñán. En ese escenario se inició la operación Espadas que, de momento, públicamente se salva de las críticas. Internamente no es así. Son muchos los dirigentes que reprochan una estrategia personalista que trataba de organizar el partido con la red más completa de la ciudad desde fuera; han abundado las desconfianzas y las descoordinaciones y ni el discurso ni la estrategia política generaron ni mucho menos entusiasmo en las agrupaciones. El candidato se debatió entre un moderado distanciamiento y una tímida reivindicación de lo realizado por el gobierno local hasta el punto de que hasta el 22-M apenas se acercó al Ayuntamiento o por actos municipales. Y a estos factores se añade un cierto exceso de confianza: las elecciones ni se podían ganar sólo en los últimos 15 días (el tiempo que estuvo realmente en funcionamiento la maquinaria) ni estaban tan igualadas como defendía una dirección regional y provincial que incluso centró a Griñán y a los principales dirigentes nacionales en un escenario electoral.

El desgaste de Torrijos. Tampoco está abundando la autocrítica en IU. Cierto que sólo se perdieron 1.700 votos, pero sobre un resultado ya de por sí bajo para una fuerza que está en el gobierno. IU no ha rentabilizado el espacio cedido por el PSOE ante la política económica del Ejecutivo central, ni movimientos como el 15-M, ni su respaldo en todo momento a las tesis de unos cada vez más debilitados sindicatos, ni la gestión de sus distritos ni su trabajo en el gobierno local. Es cierto que el PP ha centrado su objetivo en Antonio Rodrigo Torrijos, pero también que la federación ha contribuido con errores. De momento, los balances internos son optimistas y positivos. Pero en ocho años IU se ha dejado muchos votantes en el camino.

La responsabilidad de Zoido. Con 20 concejales, el PP tiene todo el terreno libre. Ha conseguido, con un discurso de trazo grueso y con mensajes simplistas, ganarse la confianza de los barrios de la ciudad. Ahora, tiene más de 3.000 millones de euros en promesas pendientes de cumplir y a veces contradictorias que ahora debe asumir. Pero la presencia constante de Javier Arenas con él invita a prever nueve meses con una estrategia que mirará más a los comicios autonómicos que a la ciudad. Tiempo de auditorías, de saldar cuentas y de poner en marcha los ventiladores que puedan justificar una realidad que no se ha ocultado estos últimos años: el margen de actuación es estrecho y soluciones como los fondos europeos, en plenos recortes, no parecen precisamente una pócima mágica para la ciudad. Zoido tiene ahora muchos barrios ante los que responder, y con intereses algo contradictorios: ¿repartirá el dinero por igual entre los distritos como ha reclamado o le dará más a los barrios con más necesidades? ¿Recortará el gasto de personal o cumplirá sus compromisos con todos los sindicatos municipales? ¿Se centrará en políticas de empleo o se dedicará a cambiar bancos y farolas, sustituir nombres de calles o ejecutar proyectos como la pista de esquí de Los Bermejales?

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