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Un camino de promesa

El carretero de la hermandad de Villamanrique ha tenido que esperar 11 años para llevar el Simpecado de la Primera.

el 21 may 2010 / 20:09 h.

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Con el sol ya alto, los tamborileros de Villamanrique preceden el lento caminar del Simpecado.
Hay momentos que son para vivirlos y no para contarlos. La salida de la hermandad de Villamanrique de la Condesa es uno de ellos. Su partida desde la plaza de España, con la noche aún encima, es un momento único. Ni los tres días de salves y saludos ininterrumpidos en los porches ni las pocas horas de sueño –apenas cuatro entre preparativos y nervios– restan brillo al camino de la Primera y Más Antigua. Pocos pueblos habrá más rocieros que la antigua villa de Mures.

Su Simpecado es el único que no tiene misa de romeros el día de la salida. Sus vecinos se reúnen a las puertas de la iglesia de la Magdalena para seguir haciendo lo que han venido haciendo todos estos días: rezar cantando. Ayer se escucharon por primera vez unas sevillanas de Manuel Márquez dedicadas al milagro de haber nacido en esta tierra tan rociera: Rezaban, rezaban, rezaban/ sobre el vientre de nuestras madres/ ya nuestros padres te rezaban./ Sin haber nacido siquiera/ nuestros padres nos hablaban/ de la carreta de la Virgen/ y del viernes por la mañana/ Por eso quiero cantarles/ a los padres de este pueblo/ a los padres de mi pueblo/ a la Virgen y al milagro/ de haber nacío manriqueño.

Un milagro del que goza, entre otros el carretero de promesa de este año. Pedro Urbina ha tenido que esperar once años para cumplir la promesa de llevar el Simpecado al Rocío. Ayer no podía ocultar la emoción al empuñar la vara al frente de los bueyes. No importó que no subiera los porches ante la prudencia que dicta el saber que uno de los astados (el apodado como Lagartijo) era nuevo. Nada. El aplauso fue aún mayor. Después de meses de ensayos, robándole horas al trabajo y dejando de ganar dinero, este noble herrero hacía realidad su sueño: “Se lo prometí para que me fueran las cosas bien a mí y a mi familia”. Los suyos desde luego también se lo agradecieron, pues no lo dejaron solo ni un momento. Y es que el cargo de carretero de promesa está muy demandado, aunque algunos tengan que pagar (sí, y no cobrar como es habitual) 2.000 euros. La lista es larga. Tanto que ya hay carreteros hasta 2034. Aquí la devoción no tiene precio ni fecha de caducidad.

La crisis ha bajado a muchos de los carruajes. La gente ha vuelto a caminar junto al Simpecado. Este año más que nunca, como apunta el presidente manriqueño, Juan Márquez: “Si te digo la verdad, venimos más gente que otros años”. Más de 3.000 peregrinos que al mediodía llegaron a la parada de Palacio.
El sesteo sirvió para descansar un poco bajo la lona y compartir las primeras vivencias de una Raya Real con atascos en los bancos de arenas e imágenes insólitas como el saludo de los Simpecados de Triana, Alcalá de Guadaíra y Córdoba en sus primeros metros, en la zona conocida como la Raya Chica.

La solidaridad también caminó con la Primera Hermandad. Las carriolas 3 y 4 tenían unos peregrinos muy especiales: los jóvenes de la asociación local Arco Iris y los de la Federación de Asociaciones de Lesionados Medulares de Andalucía (Alma). Manuel Campos y Fernando Mateos disfrutaban desde sus respectivas sillas de ruedas: “Desde que vinimos hace unos años, no nos lo perdemos ni uno. Algo tendrá que engancha a tantos”, confiesan agarrados a la medalla. Hoy Villamanrique llegará a la puerta de la ermita para renovar las promesas de un pueblo que ha mamado Rocío desde la cuna.

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