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Un ‘click’ a las alas blancas

La exposición recoge cientos de fotos hechas en la Plaza de las Palomas.

el 13 may 2010 / 18:53 h.

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Una costumbre y un arte. Ir al parque de las palomas -que oficialmente se llama Plaza de América- es una tradición, y un talento de la técnica conseguir que este ave se quede posada en la mano mientras salta el disparador de la cámara de fotos.

Porque, ¿qué sevillano no tiene una fotografía con arvejones en la mano y rodeado de palomas? Ahora, todos los que mandaron una foto a la página web habilitada por la fotógrafa israelí Rinat Izhak pueden verlas en la exposición La Plaza de las Palomas, que hasta septiembre está montada en el Museo de Artes y Costumbres Populares. Después, puede pasarse por la plaza y hacerse otra foto, porque el proyecto no está cerrado.

Un canto a la libertad que representan las palomas y a la representación del símbolo de la paz. Niños con caras que giran entre el miedo y el disfrute, la emoción y el orgullo por tener al animal en la mano aunque sea el breve instante que duran los arvejones.

Mujeres vestidas de flamenca, niños de comunión. Hasta en Navidad hay tiempo de acercarse al parque a darles de comer a los pájaros -después o antes de los patos, claro- y también los guiris tienen una visita obligada cuando conocen Sevilla. Otros clásicos de la memoria colectiva: el agua de la fuente, con la maltratada escultura de la joven, y el niño-traviesillo que asusta a las palomas cuando ya han aceptado la mano que les da de comer.

Para todos hay espacio en esta exposición. La selección principal, organizada en forma de plaza, cuenta con 80, pero son más de mil las que se han recibido. Además hay interpretaciones pictóricas de la muestra, fotos de artistas sevillanos y una serie hecha por la artista con los protagonistas de las fotos. Para llamar la atención y atraer al visitante, figuras de arvejoneros y de muchos sevillanos con sus palomas se reparten por la Plaza de América.

"Cada día paso con mi bici por el parque y veo a muchos niños emocionados dando de comer a las palomas. Observo su excitación al sentirlas sobre sus cuerpos y veo sus ojos brillantes mirando sus alas blancas. Los padres miran a sus hijos disfrutar y vuelven a vivir aquel momento en que eran ellos los niños que disfrutaban. Me ha emocionado reunir a tres generaciones con una misma experiencia, porque eso en mi país no pasa", explica Rinat Izhak de su trabajo.

Entre las historias más llamativas para Izhak, la de los dos soldados que en el año 38, en plena Guerra Civil, posan en un banco entre palomas. O la de otro joven militar que escribe un mensaje de amor a su novia sobre una foto en la que se le ve besando a una paloma.

Pero desde 1924, cuando están fechadas las primeras fotos, hasta 2010, hay tantas historias como visitas y visitantes a la plaza. Coqueteos de novios, cambios en las modas, amigos que se reúnen para pasar el día en el parque. Una historia que está sin concluir porque no tiene final: ayer mismo, tras la inauguración de la exposición, las palomas llevaban el buche con más niños con cara de felicidad.

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