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Un coche bomba contra la democracia

La noticia de que ETA preparaba la comisión de un atentado con coche bomba para recibir al nuevo gobierno del socialista Patxi López no puede sorprender a nadie...

el 16 sep 2009 / 01:37 h.

La noticia de que ETA preparaba la comisión de un atentado con coche bomba para recibir al nuevo gobierno del socialista Patxi López no puede sorprender a nadie: la organización terrorista hizo pública su amenaza con motivo del Aberri Aguna, el pasado 12 de abril, y si algo se puede esperar de una banda mafiosa es que intente cumplir con su amenaza para seguir amedrentando a la sociedad vasca mediante la extorsión y el asesinato de quienes no piensan como ellos. Este golpe se ha parado, pero las Fuerzas de Seguridad siguen en estado de alerta en prevención de que los terroristas intenten cometer alguna de sus fechorías. Ya lo dijo este domingo, una vez más, el ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba. La organización etarra está muy debilitada, pero puede seguir matando. Y ante esta tesitura no queda más que el mantenimiento del acoso contra el entramado criminal de la banda, cuya cúpula ha caído ya en manos de la Policía y la Guardia Civil española cuatro veces consecutivas en menos de un año. Se avecinan, en cualquier caso, tiempos muy complejos. El Gobierno sabe que los golpes contra la banda han hecho tal mella que ahora mismo se puede sostener que hay una cierta división en el seno de la organización criminal entre quienes siguen apostando por la lucha armada y los que entienden que ya sólo queda la posibilidad de buscar un final dialogado, entre los que podría encontrarse Josu Ternera, apartado de la dirección tras el fin de la tregua y que, ahora, podría volver a la cúpula de la banda. Entre los presos cunde el desánimo ante la constatación del fracaso de su delirio independentista y, para completar el cuadro, su brazo político se encuentra por primera vez fuera del Parlamento vasco y pierde apoyos sociales en favor de Aralar, que defiende posiciones abertzales radicales pero que condena la violencia. Hay una cierta sensación de que los etarras están siendo más acorralados que nunca, señal de que se están haciendo bien las cosas en materia antiterrorista.

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