Cultura

Un convincente 'Cazador'

el 25 mar 2011 / 23:37 h.

Un momento del primer acto de 'El cazador furtivo', anoche en el Teatro de la Maestranza.

En El cazador furtivo (Der Freischütz), Weber anticipa lo que posteriormente Richard Wagner denominaría ‘Gesamtkunstwerk' o ‘síntesis de arte total'. En este punto, hablaríamos de una ópera preromántica y visionaria. De otro, el alemán es todavía un compositor con anclaje clásico, dominador de los recursos teatrales, pero practicante de diáfanas armonías y episodios distendidos.

El maestro invitado en las funciones que el Maestranza presentará hasta el día 31 de este título inaugural de la ‘gran ópera germánica' es Andreas Spering, un especialista en el repertorio barroco que decidió prescindir de la interpretación historicista.

En el foso la ROSS otorgó una excesiva seriedad a una partitura de la que Spering quiso resaltar la fortaleza de su unidad temática -gracias a la reaparición de los temas- antes que atender el refinamiento y la coloración. Y no es que el conjunto no brillara en la exposición tímbrica (frenéticos metales en la obertura, dulcísima aparición del weberniano clarinete), pero sí que basculó más hacia el brumoso romanticismo que anticipa.En lo tocante a lo vocal no ha contado el coliseo con un reparto de relumbrón, pero sí notable para llevar a buen término el título.

El tenor Michael König, como Max, demostró su solvente prestancia como tenor lírico de voz homogénea a pesar de no tener un timbre agradable, más bien leñoso y áspero. Algunos apuros en los graves atravesó el Kaspar de Gordon Hawkins, de presencia física imponente, buena dote dramática y convincente oscuridad en su canto. Ottokar, príncipe de Bohemia, estuvo encarnado por Klaus Kuttler, con una voz bien proyectada pero de fraseos bastante apurados.

Indefendible en cualquier extremo el bajo Bjarni Thor Kristinsson en su doble rol de Ermitaño y del diablo Samiel. Tosco y rudo en sus intervenciones, su determinante aparición final acumuló un parlato inintilegible y una cavernosa amplificación que caricaturizó su discurso. Del lado femenino, la soprano Manuela Uhl fue una admirable Agathe, de enorme sensibilidad. De ella han dicho que recuerda a Edita Gruberova, suficiente halago para remarcar su simbiosis con el personaje, que alcanzó su mejor momento al inicio del acto tercero. Dando por buenas las convenciones operísticas, Ofelia Sala, como Äanchen, demostró estar en un buen momento dada su clara emisión, el buen fraseo en los agudos y su correcto registro central. El Coro del Maestranza actuó bien y cantó mejor en la fiesta del comienzo que en el hierático y envarado cántico final.

De la sencilla pero eficaz puesta en escena de Achim Thorwald se destacará lo logrado de sus atmosféricas y tenebristas proyecciones (con la inversión de la cruz y del bosque para la casa del diablo) y el carácter grotesco y acongojante que con la iluminación y el humo alcanza en la escena del Barranco del Lobo. Rutinaria la canción de brindis del primer acto y toda la acción en la habitación de Agathe. Llamativo el vestuario de los cazadores y tópico el de los aldeanos. Mejor la iluminación, de evocativos tonos azulados y rojizos.

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