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Un cuento lo del partido a partido

Una cosa es lo que se dice y otra bien distinta lo que se hace. Al menos en el caso de Manolo Jiménez, que se llenó la boca de prohibir que se hablará del Fenerbahçe, que estuvo toda la semana comentando que el partido en La Coruña iba a ser tomado como la final que era...

el 15 sep 2009 / 00:58 h.

Una cosa es lo que se dice y otra bien distinta lo que se hace. Al menos en el caso de Manolo Jiménez, que se llenó la boca de prohibir que se hablará del Fenerbahçe, que estuvo toda la semana comentando que el partido en La Coruña iba a ser tomado como la final que era, y que a la postre, al principio, y en el medio, tomó decisiones claramente con vistas al partido del martes, no el del sábado, el de ayer, el que nos ocupaba. Ahora se disfrazará la cosa, se apelará a que se generaron ocasiones de gol, en realidad sólo en la primera parte, pero no se dirá la verdad, porque casi todo lo que hizo el Sevilla ayer fue mirando al futuro, no al presente, que es lo único que cuenta en fútbol. Esos puntos que volaron muy al norte de España ya no volverán. Y se fueron, por blandito, como siempre, pero también por no poner a los mejores ni cuando el resultado no servía, ni el propio ni el de otros campos.

Porque el cambio de Kanouté por Luis Fabiano no se puede dar por bueno de ninguna manera. Con 1-1, el Pichichi tenía que jugar, por supuesto, incluso antes, pero no se puede quitar a uno de los mejores dejando en el campo al descolocado Koné. No se puede mirar al campo y ver el rendimiento de Duda y Crespo, entre otros, y seguir con el guión de mitad de la semana. En fin, dirección de partido, esa gran asignatura pendiente.

No fue penalti, o sí, pero lo pareció. Cuando un jugador, en defensa, se equivoca, controla hacia donde no debe, y se cruza un delantero, aparentemente en ventaja, lo normal es pitar penalti. Falló el estirado árbitro, o no, pero lo que es seguro, fijo, es que Maresca, espectacular ante el Zaragoza, hizo lo que no debía, y cuando se somete a un rival en su casa, con lo complejo que es eso, no hay que darle nunca oxígeno, porque en Primera División los hay malos, regulares y buenos, pero tontos muy poquitos. Por cierto, sí marró el colegiado en el gol de Kanouté, fuera de juego sí o sí.

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