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Un cura dandy

El Defensor del pueblo lejos de convertirse en un cura obrero al calor del ConcilioVaticano II a pesar de que creció con Juan XXIII, se asemejaba más a Pablo VI, en todo caso, a un cura dand.

el 25 sep 2009 / 10:54 h.

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José Chamizo de la Rubia

Se equivocan aquellos que quieran ver en José Chamizo de la Rubia (Los Barrios, Cádiz, 1949) a un cura obrero al calor del Concilio Vaticano II. Aunque Chamizo creció con Juan XXIII, él era más estilo Pablo VI; en todo caso, un cura dandy con sus foulards byronianos que no duda en luchar por la liberación del ser humano como el poeta inglés luchó y murió por la liberación de Grecia.

Chamizo, el hijo del veterinario de Los Barrios, el estudiante de Historia de la Iglesia y Biblioteconomía en el Vaticano, sigue creyendoque la búsqueda de la belleza es una espléndida manera de luchar por la justicia: la ética y la estética, a fin de cuentas, son hermanasmellizas. Cuando transcurrían los últimos días del franquismo, aquel estudiante de internado en Ronda o en Campillos, aquel joven misacantano que paseaba por los vericuetos del seminario de San Telmo, enterraba en Roma a Pasolini y Visconti, como un símbolo de que la Italia de las libertades empezaba a morir rumbo a la Europa de Berlusconi. Al regresar a España, estaba a punto de promulgarsela Constitución y, ese mismo año, hace treinta, él mismo iba a tenderse en el suelo de la iglesia de San Isidro en Los Barrios para ordenarse sacerdote, no muy lejos de donde imprimía en una multicopista los folios de una revista literaria titulada Flor de Tintero, en la que logró que escribiesen hasta los analfabetos. Sus veleidades literarias, compartidas con una melomanía que lo mismo tocabapuerto en Albinoni que en Aute, le llevaron a militar en el Colectivo del Sur, una barahúnda semilibertaria que editó luego la revista Cucarrete.

Llegó a publicar un par de libros de poemas:Aunque es de noche, con LolaMedina, arrollada y muerta en extrañas circunstancias en la noche de Sevilla, y Plaza Alta, ya en solitario. Pasó por Algeciras, donde ofició misa entre versos de Pemán en el altar de La Palma, mientras luchaba como podía contra lamendicidad infantil. Un niño rico, en cambio, le denunció ante los tribunales por instigar al antimilitarismo en clase de religión en el Instituto Isla Verde. No fue su mayor problema en aquellos tiempos: un tipo le persiguió hacha en mano en la Estación de San Roque, su siguiente destino, por sacar a la parienta de sus casillas y ponerla a interpretar sus obras de teatro, libretos bienintencionados que pretendían liberar a marías tradicionales. Pero, en aquel entonces, sumayor combate guardó relación con la lucha contra la mafia: "Yo he visto vencida por el miedo a lomejor de mi generación", cantaba su amigo Carlos Cano. Un sinfín de jóvenes moría por consumir dosis con un porcentaje de pureza demasiado alto o por la mezcla letal de los opiáceos con matarratas y polvo de ladrilllo. Las calles eran un cementerio y el dedo acusador de Chamizo, que siempre mantuvo ese aire de Dios deMiguel Ángel sobre la bóveda de la Sixtina, no señalaba a los robagallinas, sino a los narcos supuestamente honorables que amasaban fortunas a costa de aquella carnicería: y sus cómplices necesarios, en la policía, en la Guardia Civil, en el Ejército y en los palacios de justicia. Las amenazas no llegaron entonces por boca de maridos puntillosos. En 1994, la Junta le concedió unamedalla entre Antonio Banderas y Fernanda y Bernarda. A partir de que dos años después fuera designado Defensor del Pueblo de Andalucía por primera vez, logró una dispensa para su ministerio sacerdotal. Ahora, sólo damisa de cuando en cuando pero construye elocuentes sermones en sus informes anuales y en sus análisis periódicos de la realidad institucional de Andalucía. Lo peor es que, dado el absentismo laboral de nuestras señorías, a menudo han sido sermones en el desierto. Y dada la falta de poder vinculante que tienen sus denuncias, a veces se quedan en simples y remotos sermones de la montaña.No obstante, sigue siendo nuestro mejor profeta: tendrá que tener cuidado porque, el día menos pensado, esta tierra que ahora lo ensalza puede crucificarle. Seguro que no le importa: incombustible como es, resucitará al tercer día, a no más tardar.

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