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Un demócrata ejemplar

Leopoldo Calvo Sotelo es el primer ex presidente de la democracia que pierde España. También llevará siempre el sambenito de ser el jefe del Ejecutivo que menos tiempo estuvo al frente de las riendas del Estado (sólo 22 meses).

el 15 sep 2009 / 04:14 h.

Leopoldo Calvo Sotelo es el primer ex presidente de la democracia que pierde España. También llevará siempre el sambenito de ser el jefe del Ejecutivo que menos tiempo estuvo al frente de las riendas del Estado (sólo 22 meses). Pero pasará a la historia por razones más importantes. Lo hará porque no sólo fue capaz de lograr que los españoles se desprendieran con dignidad del bochorno colectivo que les provocó la intentona golpista de Tejero y Milans el 23-F, sino por haber demostrado que el interés general y los valores de la libertad y la democracia están muy por delante de los intereses personales por muy complicado que sea el escenario político. Calvo Sotelo conseguía todo eso además sin admitir presiones de nadie -ni siquiera de su propio partido y de los militares, especialmente activos en esos años- y manejando como maestro convencido los instrumentos de la negociación elegante y el consenso ante el adversario político. Y en aquel ambiente tan cargado de los primeros 80 tuvo tiempo de adoptar decisiones políticas de calado. Resolvió el juicio a los militares golpistas, puso a España en la OTAN, confeccionó una importante ley de desarrollo autonómico y empujó al país a la senda de la modernidad social con la ley del divorcio. Un enorme expediente en uno de los momentos más difíciles del proceso democrático y para tan corto tiempo de gobierno. Calvo Sotelo fue presidente respondiendo a la disciplina de las razones de Estado y tiró la toalla sólo cuando su partido era el obstáculo principal para continuar trabajando con garantías por el futuro colectivo. Su trayectoria familiar y profesional le permitía de sobra no haber asumido un reto tan difícil. Pero él lo hizo con señorío. Por eso será siempre una enorme figura de la Transición. Pese a haber tenido la mala suerte de quedar engullido, en parte, por las aplastantes siluetas de su antecesor y su sucesor: Suárez y González, respectivamente. La democracia siempre estará en deuda con este hombre que dignificó el ejercicio de la política defendiendo sus ideales sin caer jamás en la descalificación y el insulto. Toda una referencia a emular por la clase política de hoy y de siempre.

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