Cofradías

Un Derbi de Ramos policromado

A los béticos les amargaron el inicio de la Semana Santa, aunque el magnífico arranque del día les resarció. Rojo. Guiris desaliñados frente a sevillanos de punta en blanco. El verdadero partido se juega en el campo de los estrenos.

el 14 abr 2014 / 01:22 h.

Ambiente del Domingo de Ramos. / Foto: José Luis Montero Ambiente del Domingo de Ramos. / Foto: José Luis Montero El de ayer fue un Domingo de Ramos soleado y espectacular, como habrán leído en la amplia crónica que antecede en nuestras páginas a esta ventana que abre El Correo a otras formas de mirar la Semana Santa. Pero el día de ayer fue mucho más que eso. Fue un Domingo de Ramos policromado y cargado de tonalidades, donde todos los colores de la primavera se conjuraron para explotar en las calles de nuestra ciudad, compitiendo entre ellos, aunque el empiece de la jornada fue más bien una viva rivalidad entre dos tonos y formas de entender la vida, el verde Palmera y el rojo Nervión. Estos dos colores son clave en estos días de Pasión. No en vano, verdes son los ojos de la Virgen del Valle, las mariquillas de la Esperanza Macarena, el manto de la Virgen de Gracia y Esperanza, la túnica de la Hermandad del Sol y los cirios de la Vera Cruz. ¿Y el rojo? Roja es la Cruz de Santiago, las túnicas de la Lanzada, rojos son los sediarii del Silencio, los cíngulos del Baratillo y, por ejemplo, la cabecera de El Correo de Andalucía, que este año les está llevando a casa la Semana Santa por prensa, televisión, mar y aire. Esta competitiva bicromía amargó a muchos el inicio de la semana grande. Los béticos no tuvieron suerte, después de una mañana en la que el derbi sevillano rivalizó con la visita a los templos de las hermandades del día, dificultando por cierto el acceso al centro desde los barrios del sur de la ciudad. Y es que, como no se cansan de repetir nuestros compañeros televisivos de El Correo, si tiene que ir al centro, escoja el autobús. Pero, logística al margen, hay que reconocer que la derrota verdiblanca fue doble. Además de la futbolística, el verde también sucumbió a la hora de los estrenos estilísticos propios del Domingo de Ramos, donde el azul o el rojo se acabaron imponiendo. Pero el día de ayer resultó ser también un improvisado derbi entre dos Sevillas muy diferentes, la de traje, la corbata y el tacón, y la de la camiseta, las tirantas y las deportivas. Normalmente, la primera es más propia de los oriundos, mientras que los visitantes extranjeros suelen dar ejemplo de la segunda. Elegancia frente a comodidad. Y contrariamente a lo que muchos puedan pensar, los mejor enchaquetados miraban ayer con indisimulada envidia a los despreocupados guiris que acudieron a contemplar la salida de La Cena, en la calle Sol, que hizo honor a su nombre. Y por muy chocante que pudiera resultar ver a esos pálidos ingleses o alemanes con pantalón claro y corto, calcetines negros y camisetas imposibles paseando por las calles del centro en pleno Domingo de Ramos, ellos disfrutaban felices y ajenos a los cánones de vestimenta, embelesados por la grandeza de nuestra Semana Santa. «Amazing», comentaba alegremente, en tirantas, un señor rubio de unos 50 años a su mujer, cámara en mano, mientras trataba de captar la salida de La Borriquita en El Salvador sin asfixiarse con el dichoso nudo de la corbata. Mientras, el resto de mortales, de uniforme capillita, buscaban un oasis en medio del casi veraniego día con el que principió la Semana Santa. Y algunos lo encontraron. En pleno centro existe un rincón prácticamente desierto, con sombra, aire acondicionado, música agradable... y gratis. No es un espejismo, es el C&A de la calle Tetuán que ayer, misteriosamente, decidió abrir, aunque las ventas fueron escasas, porque aunque la tradición dice que en Domingo de Ramos, quien no estrena no tiene manos, los sevillanos salieron ya comprados y estrenados de casa. Incluso los agentes de la Policía Nacional lucían uniformes impolutos con las letras del Cuerpo recién impresas en dorado sobre sus chalecos. Pero no nos desviemos de la policromía, que hay que mencionar más colores. Muchos más. Verdes, rojos, azules, naranjas, amarillos... Los de los billetes que no dejaron de circular por los bares y restaurantes del centro, que hicieron ayer su agosto. No en vano, el sol no sólo alegra a los más cofrades, sino a los comerciantes que esperan como agua de mayo –perdón por mencionarla– a los turistas. Las expectativas son inmejorables, como las de los miles de sevillanos que sueñan con tener una Semana Santa plena tras muchos años de disgustos. Una Semana Santa dorada, por ponerle un color.

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