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¿Un desastre evitable?

Los últimos datos oficiales arrojan cifras dramáticas que no paran de crecer. Según la televisión estatal MRTV de Myanmar (la antigua Birmania), la tragedia causada por el ciclón Nargis se ha cobrado ya la vida de 22.500 personas y se estima que hay 41.000 desaparecidos por la catástrofe ocurrida durante el fin de semana.

el 15 sep 2009 / 04:23 h.

Los últimos datos oficiales arrojan cifras dramáticas que no paran de crecer. Según la televisión estatal MRTV de Myanmar (la antigua Birmania), la tragedia causada por el ciclón Nargis se ha cobrado ya la vida de 22.500 personas y se estima que hay 41.000 desaparecidos por la catástrofe ocurrida durante el fin de semana. La mano de hierro con la que la Junta Militar gobierna el país bajo una dictadura que se instauró hace 46 años se ha convertido en un verdadero problema. El personal humanitario ha soportado innumerables obstáculos para acceder a la zona devastada porque la estricta normativa limita mucho la entrada de extranjeros y es imprescindible gestionar visados. El propio presidente de los Estados Unidos, George W. Bush, ha tenido que hacer un llamamiento urgente a los gobernantes del país para que acepten la ayuda humanitaria debido a que los equipos internacionales llevan cuatro días esperando a poder entrar, lo que demuestra que se podría haber hecho mucho más para salvar vidas humanas. La Organización de Naciones Unidas (ONU) ha culpado directamente al régimen del elevadísimo número de víctimas mortales y desaparecidos porque no cuenta con un sistema de alerta temprana del que sí disponen ya otros países del entorno que sí hicieron caso a las recomendaciones posteriores al tsunami que arrasó el sureste asiático en diciembre de 2004. Las autoridades de Myanmar han dado luz verde a la entrada de materiales como tiendas de campaña, mantas y mosquiteras, pero siguen limitando la entrada de cooperantes. Resulta sorprendente que con los medios actuales de predicción de alertas meteorológicas, el ciclón haya inundado ciudades, ahogadas sin tiempo material de escapar. Un régimen que acusa esta escandalosa falta de previsión y rechaza asumir su responsabilidad no puede tener encaje en el actual ordenamiento mundial.

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