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Un día perfecto de Feria bajo un cielo gris y sin farolillos

Las malas previsiones de lluvia hizo que ayer el Real estuviera más vacío que de costumbre.

el 22 abr 2010 / 20:02 h.

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Se esperaba tormenta y un aguacero que iba a dejar impracticable el Real, pero al final, el de ayer, fue el día perfecto de Feria. Con mucha menos gente que el miércoles, y ni punto de comparación con el martes, el paseo por el Real era tarea fácil, más aún cuando los coches de caballos parecen que se asustaron ante la nefasta predicción meteorológica, con alerta amarilla incluida. La temperatura fue igual de perfecta, ni frío ni calor, lo que permitía marcarse unas sevillanas sin tener que beberse un jarra de rebujito para evitar la deshidratación.

El Metro, la estrella de los transportes esta Feria, dejó de ser ayer una lata de sardinas y ya hasta se podía respirar en los vagones y hasta coger asiento. Las colas en las máquinas para recargar la tarjeta desaparecieron ayer y tampoco se vieron en las paradas de autobuses, que aún así no dejaban de desfilar ante la majestuosa portada. Sin embargo, el día de perros que se esperaba se quedó sólo en un amago de chaparrón, que vino bien para dejar bien asentado el albero, ya de por sí mojado por las lluvias del día anterior. No pensarán lo mismos los que colocaron los miles y miles de farolillos, que ayer colgaban de las bombillas empapados. Si tardaron en ponerlos por el mal tiempo, menos han durado. Y es que este año eso de "un cielo de farolillos que va alumbrando la calle" se va a convertir en una imagen difícil de ver.

En las casetas, aunque parezca increíble, hasta se podía comer sentado y bailar sevillanas sin clavarle el codo a la pareja de al lado. Hasta las casetas de los distritos, siempre atiborradas, se notó el vacío, tras la vuelta a la normalidad después de un festivo.

Pero siempre hay incondicionales de la Feria contra los que ni el mal tiempo puede con ellos. Como la familia de Rosario Fuentes, una sevillana "de pura cepa, porque hasta mis bisabuelos eran de sevilla capital". A sus 71 años, y vestida de gitana, no se ha perdido ni un día de Feria y, lo mejor, es que vive una preferia muy especial haciendo los trajes de flamenca que sus hijas y sus nietas lucirán en el Real. Este año le ha tocado estrenar traje a Belén, una de sus cinco nietos, "porque cada año le toca a una de nosotras, pero al resto le hago retoques". Además, Rosario, "una costurera aficionada", también ha hecho las cinco túnicas de los familiares que salen en la hermandad de San Esteban, en cuya caseta no paraban ayer de bailar. "Nosotros somos sevillanos y nos gustan las tradiciones y las conservamos de unos a otros", decía el hijo de Rosario.

También los hay de los que prefieren ir por la tarde, bien porque con la crisis sale más barato comer en la casa, porque "este año la Feria está cara, que ya sale el rebujito a ocho euros y con eso me tomo yo dos cubatas en Dos Hermanas", le decía un chaval a otro pasando bajo la portada. O los que por trabajo no tienen otra solución. Ese es el caso de Patricia Bayón que sale "a las tres de trabajar, pero por la tarde me vengo a la Feria. Mañana hago lo mismo". De hecho, ayer no fue hasta las seis de la tarde cuando el Real comenzó a animarse. A esa hora sólo unos pocos cogían el autobús de vuelta a casa, "un ratito y para casa, que ya estamos cansados" decía Juan con su señora, ataviada de gitana, al lado y mientras dejaba paso a un carro.

Tampoco pudo la previsión meteorológica con el desfile de trajes de flamenca en el Real muchas de ellas paraguas en mano. En la improvisada pasarela en la que se ha convertido la calle Asunción, los extranjeros -son muchos ya los que rondan el Real y sus alrededores- no daban crédito al baile de volantes y colores. "C'est magnifique", era lo único que acertaba a decir una sorprendida señora francesa cuyo marido no daba descanso a la cámara. Calle más arriba, una paisana iba más allá atreviéndose a vestir a su pequeña con uno de los trajes de los antiguos todo a cien, con la mala suerte de que le había colocado la peineta al revés. La inocente criatura iba más feliz que unas castañuelas, nunca mejor dicho, pero le sobraba voluntad y le faltaba algo de arte. Todo el que sobraba en la caseta Puesto de Mando, de la calle Pascual Márquez, donde no faltaban ni los tamboriles rocieros; o en la caseta de Emasesa, donde al ritmo de "marcha, marcha, queremos marcha" se partían el cuerpo danzando, ajenos a si en la calle salía el sol o caía un chaparrón.

Los que menos se fiaban ayer del tiempo eran los jinetes y los cocheros, que no pararon de mirar el cielo gris que predominó en gran parte de la jornada Eran pocos los que se decidieron por disfrutar del Real en un coche de caballo, pero los que se animaron no dejaron el rebujito ni cuando iban al trote ni los impermeables porque, aunque el sol peleó por salir a ratos y deslumbrar de lo lindo, estaban a mano por si alguna nube descargaba sobre el recinto de Los Remedios. Aunque el tradicional paseo de caballos se vio algo deslucido, al menos se agradeció que para cruzar de una calle a otra no hubiera que jugarse el tipo o que no hubiera que ir saltando como si atravesáramos un campo de minas para no acabar con un regalito en los zapatos, y eso que Lipasam, incluido el carro tirado a caballo, se afanaba en limpiar las calles, dejando el característico olor a Zotal, siempre más llevadero.

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