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Un divino entre simples mortales

El ex presidente balear tiene que hacer frente a una millonaria fianza por el caso ‘Palma Arena’.

el 03 abr 2010 / 20:50 h.

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Jaume Matas actúa de una forma rayana en la divinidad. No es la descripción de un compañero de trabajo, conocido, amigo ni tan siquiera de un familiar. Es la afirmación del juez de Instrucción número 3 de Palma, José Castro, tras 16 horas de declaración por el desvío de más de 41 millones de euros durante la construcción del velódromo Palma Arena y enriquecimiento ilícito. Dieciséis horas de convivencia es lo que necesitó el magistrado para adivinar al divo que Matas se ajusta con la corbata.

Los que sí conocen al ex presidente balear corroboran lo que el juez plasmó en un durísimo y extenso -147 páginas- auto: es un tipo ambicioso, pretencioso y ostentoso. Y todo indica que sin moderación. Y después de 53 años de vida evitando los juzgados, hoy intenta reunir tres millones de euros de fianza para eludir la cárcel. Su (desbordante) ambición ya la puso a prueba desde sus primeros pasos en política. Después de su vuelta a las islas tras licenciarse en Ciencias Económicas en la Universidad de Valencia, donde conoció a su gran amigo Eduardo Zaplana y a su mujer, Maite Areal -trascendía ya entonces su gusto por el buen vivir-; Matas ingresó en el cuerpo de inspectores de Hacienda de Baleares. Pero pronto entró en política ocupando el cargo de director general de Presupuestos del Gobierno del popular Gabriel Cañellas, abandonando así la tradición socialista, republicana y laica de su familia. No era lo único de lo que quiso alejarse.

Sus compañeros de entonces recuerdan que estaba dispuesto a subir escalafones en la sociedad de dos en dos si era menester. Poco tiempo fue ascendido a consejero de Economía. Hasta que, cosas del destino, Matas se vio favorecido por la dimisión de Cañellas por los escándalos de corrupción, y posteriormente por la de Cristòfol Soler, quien sabedor de que conspiraba en su contra intentó alejarlo del poder destituyéndole como consejero de Economía, y acabó la legislatura como presidente desde 1996. Meta alcanzada en un tiempo récord. El nuevo president impuso un ritmo altísimo de trabajo sin que nadie nunca le rechistara. Además en este periodo se ampliaron las competencias de la comunidad y aprobaron las Directrices de Ordenación Territorial, fue el inicio del llamado urbanismo salvaje. Y pese a todo perdió la mayoría absoluta. Pero Matas iba a vivir otro de sus grandes sueños: José María Aznar lo llamó para ser ministro de Medio Ambiente. Los Mata-Areal ya estaban en el más alto escalafón social, asistiendo a actos y fiestas de postín, como la boda pseudoprincipesca que los Aznar celebraron a su hija Ana y Alejando Agag en El Escorial. Y a su altura debía estar también su vivienda, por ello adquirieron un pi-so de lujo de unos 150 metros cuadrados en el barrio de Salamanca de Madrid y valorado en 2003 en un millón de euros -aunque la compra se realizó a través de un testaferro, según la investigación judicial-.

En el Ministerio de Medio Ambiente Matas logró aprobar el controvertido Plan Hidrológico Nacional y tuvo que hacer frente al mayor desastre ecológico español: el vertido de 50.000 toneladas de fuel del Prestige frente a las costas gallegas. Aquel noviembre de 2002 no sólo se hundió el petrolero también el prestigio del segundo ministro de Medio Ambiente español, que permaneció de fin de semana en Doñana mientras las playas gallegas se teñían de chapapote. No obstante, su paso por el ministerio le sirvió para recuperar la mayoría absoluta en Baleares y emprender así su segunda legislatura en las islas. De nuevo impuso un ritmo frenético en todos sus proyectos. Pero nadie rechistaba. Eran los categóricos "háguese" y "páguese" del divino señor Matas, que decía el juez Castro. Construyó el velódromo Palma Arena en un tiempo récord, como récord fue el presupuesto invertido: 110 millones, más del doble de lo previsto. Levantó un hospital en Palma del que el Supremo invalida la licencia, construyó el metro de Mallorca que se inunda con las lluvias... y además hay siete sumarios judiciales abiertos que hacen referencia a cinco departamentos de su Gobierno y dos de sus consejeros están imputados. Pero Matas también tuvo tiempo de alardear y se compró un palacete -725 metros cuadrados más jardín- en el barrio de la vieja aristocracia de Palma, valorado en más de un millón de euros por Hacienda, y al que le hizo una millonaria reforma que incluyó la más lujosa decoración y electrodomésticos de última generación. Y adquirió un nuevo piso de playa en Sa Colònia... y todo ello con la única necesidad de sacar del banco 450 euros a lo largo de cinco años.

Es el caso Matas y acaba de comenzar. La Justicia dirá si efectivamente el ex presidente fue al juzgado "a burlarse de los simples mortales", se trata de un nuevo milagro de los panes y las casas o si acaba siendo un burlador burlado.

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