Cultura

Un espacio legendario

Lugar: Centro Cultural Santa Clara, del 7 de junio al 30 de julio. Dramaturgia y dirección: José María Roca. Interpretación: Javier Castro, Antonia Zurera, Paz Sayago, Belén Lario, María Varod, Eva Gallego. Clasificación ***

el 09 jun 2011 / 19:23 h.

Un año más, Producciones Imperdibles pone en marcha el Ciclo de Personajes y mitos históricos sevillanos y nos trae una fragmento de la historia sevillana en un espacio histórico que, esta vez, se trata del Centro Cultural de Santa Clara, antiguo Real Monasterio de Santa Clara.

La dramaturgia parte de un planteamiento sencillo y un tanto recurrente, pero eficaz: ante el riesgo de tener que abandonar el espacio por falta de ingresos, las últimas cinco monjas clarisas montan una obra de teatro en torno a dos románticas leyendas que allí se fraguaron: la de la torre de D. Fadrique y la de doña María Coronel.

D. Fadrique murió ejecutado por su hermano, el rey Alfonso X el Sabio, según la leyenda, por mantener relaciones amorosas con su madrastra, doña Juana de Pontiheu, viuda de su padre, para quien construyó la torre que lleva su nombre, uno de los primeros exponentes del gótico en nuestra ciudad.

Por su parte, Doña María Coronel también pasó a la historia gracias a una historia de amor, ya que se echó aceite hirviendo por la cara para no ceder a los deseos del rey Pedro I, a quien acudió para pedir clemencia por su marido, encarcelado por conspirar contra él.

Aunque se trata de dos leyendas muy conocidas, no todos sabe que nacieron entre los muros de este recinto. Así, con un discurso sencillo y asequible, la obra nos aporta un curioso dato histórico y nos sitúa a los personajes legendarios en su tiempo.

Aunque lo más interesante es que acaba en una escena final surrealista que, aunque un poco desligada del resto de la historia, lleva a cabo un ejercicio de desmitificación tan irreverente como inusual en una ciudad como Sevilla, tan apegada a sus valores tradicionales.

Cabe destacar el dominio escénico y la versatilidad de las actrices, quienes afrontan con éxito el reto de dar vida a varios personajes cada una, pasando de la inocencia y serenidad de las monjas de clausura al torrente de pasión, corrupción y maldad de los nobles de las leyendas. Lástima que el ritmo escénico resulte un tanto irregular y la puesta en escena, en su afán por fundirse con el espacio histórico, haya prescindido de una cobertura audiovisual más espectacular.

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