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Jóvenes al día

Un estudio de arquitectura que construye sólo para la red

Una nueva idea de negocio que se basa en el diseño gráfico y la utilización de internet como medio para conseguir una proyección de trabajo internacional.

el 13 jun 2014 / 08:00 h.

Ricardo Prieto y Verónica Valenzuela son los creadores de Silo Creativo, una organización que nace para buscar soluciones de diseño gráfico y web a través de internet. Ambos tienen 27 años y son arquitectos. Destacan que entre los dos se complementan a la perfección y pueden desarrollar un perfecto trabajo en equipo. «Con este trabajo podemos dar rienda suelta a nuestra gran pasión: el diseño». Silo Creativo es una empresa que ofrece servicios de diseño gráfico tales como imágenes corporativas, ilustraciones, carteles, infografías además de diseño web. También se centran en la elaboración de plantillas para el gestor de contenidos WordPress que diseñan y venden a través de conocidos marketplaces. Sobre este último producto, aclaran que adaptan la web a la temática que se necesite. «Se tratan de unas plantillas muy económicas que no necesitan los requerimientos del cliente y puedes generar y vender fácilmente. Eso hace que su precio se abarate», resaltan. Un ejemplo práctico podría ser una plantilla para un bufete de abogados. El cliente instala WordPress en su servidor, compra la plantilla –los precios pueden rondar entre los 30 o 40 dólares hasta los 200– y la instala, desde ese momento su web funcionará de forma óptima para un bufete de abogados, contando con apartados de casos, espacio dónde demandar información, etcétera. «Tenemos diseñadas nueve plantillas. Casi el 99% de los clientes de este producto son internacionales mientras para diseño gráfico y web sí que tenemos mucha más demanda de clientes locales», señalan los emprendedores. Mientras Ricardo se centra en la parte de diseño web, Verónica se encarga de la parte visual y diseño gráfico. «Estudiamos arquitectura porque de siempre nos gustó, pero cuando estábamos estudiando la carrera nos dimos cuenta de que esta podía ser una salida». En la carrera de arquitectura todo se puede extrapolar, aseguran, «no construyes edificios, pero diseñas espacios virtuales y formatos con diferentes colores, tipografías y texturas. Al final es todo diseño, pero enfocado a lo que te gusta», exponen. Todos los conocimientos adquiridos durante la carrera les están sirviendo para desarrollar su labor profesional. Mientras terminaban la carrera comenzaron a trabajar como arquitectos, haciéndose cargo de algún que otro proyecto de un estudio de arquitectura con el que colaboraban. Se dieron cuenta que no era un trabajo estable y sobre todo no era gratificante, además de mal pagado. Tras varios meses sin trabajo, deciden montar este negocio que llevaba tiempo rondándoles la cabeza. Fue un proceso, asegura Ricardo: «Vas pensando, vas cambiando, hasta que le das forma». Deciden apoyarse en el CADE –Centros de Apoyo al Desarrollo Empresarial– porque alguien les había hablado sobre esta iniciativa de apoyo a emprendedores. Les ofrecieron información, asesoramiento y un espacio físico donde desarrollarse. Ya han pasado dos años. Están muy agradecidos por la ayuda recibida, aunque apuntan que no todos los que empezaron al mismo tiempo que ellos han tenido tanta suerte con sus ideas de negocio. Coinciden en que aportan de novedoso diseños frescos e innovadores. También asistencia personalizada y capacidad de adaptación al tipo de web que cada cliente necesita: «Es muy importante cuidar todos los detalles, cuidar la tipografía, usar colores con los que el negocio se sienta identificado y cómodo». Plantean que renovarse en su ámbito de trabajo es fundamental para no caducar y sobrevivir. «Hay diseños que hace tres meses se publicaron y ya no se utilizan». Han sido autodidactas en el sentido de que todo lo que saben lo han aprendido mediante el propio aprendizaje y la lectura de libros y manuales. «Todas las semanas dedicamos una tarde para ojear novedades e innovar en nuestras técnicas y diseños». También destacan el gran compañerismo existente entre el gremio de los diseñadores webs, «más que competencia somos compañeros, formamos una gran familia profesional, estamos en continuo contacto y nos ayudamos con frecuencia». Cuando están desbordados de trabajo y no pueden hacerse cargo de un trabajo, ellos mismos son los que derivan a sus clientes a otros compañeros del gremio. Los comienzos nunca son fáciles, aunque destacan que no les ha ido del todo mal. Trabajar a través de internet les ha facilitado mucho las cosas, incluso les ha permitido tener clientes por todo el mundo. Su principal medio para darse a conocer ha sido también la red. Su blog sobre diseño gráfico les ha ayudado a posicionarse dentro del mercado y a ser reconocidos y demandados por los clientes. «La gente ve nuestros trabajos en el blog y vienen sabiendo quiénes somos y cómo trabajamos», plantea Verónica. Prefieren anteponer la calidad al precio, para ellos lo más importante es que el cliente quede satisfecho. No han necesitado empezar con precios demasiado bajos para darse a conocer. Aseguran que la calidad de sus diseños ha sido el listón que ha ido determinando sus precios. «Los clientes han pagado por nuestros diseños porque era justo lo que necesitaban», subrayan. Para desempeñar un trabajo con proyección internacional como el suyo hace falta estar al día con los idiomas, principalmente el inglés, y así lo manifiestan: «Comunicarnos por correo electrónico en inglés es fácil, el problema viene cuando tienes que hablar con un cliente que hable inglés y lo demasiado de prisa para entenderlo». Para perfeccionar el servicio, sobre todo en temas que requieran un dominio técnico del lenguaje, cuentan con una traductora que se encarga de redactar los contenidos en otro idioma. Se encuentran ubicados en Sevilla, en un CADE que les cede una oficina durante un tiempo determinado. Dentro de unos meses tendrán que dejar su sede actual. Ya están buscando un lugar donde poder seguir desempeñando su labor. Han diseñado para empresas de lo más diverso. Destacan el caso del diseño de una web de promoción de bailarinas y espectáculos en Malasia. «La empresa nos contactó porque les gustaron nuestros diseños, pero cuando tuvimos delante la web nos dimos cuenta que no encajaba con lo que habíamos diseñado antes, pero sí, hicimos el trabajo», aseguran entre risas cómplices. Si contrataran a alguien más para apoyarles en su labor podrían hacerse cargo de un mayor número de encargos, aunque plantean que es complicado por el alto coste que conlleva contratar a alguien. De momento no lo harán, pero no descartan la idea de ampliar su empresa. El precio de su trabajo varía mucho en función de las horas invertidas: «Hay encargos en que puedes emplear horas y otros en que hemos podido invertir dos meses». El emprendimiento no es exactamente cómo lo pintan: «Constituir una empresa es mucho más costoso y trabajoso de lo que te hacen creer». Plantean que tras salir de la carrera lo normal es no encontrar trabajo, decides montar tu propia empresa pero no estamos preparados para el fracaso, y es ahí donde España debe cambiar: «No nos planteamos que fracasar es parte del aprendizaje. Nos desmoralizamos y dejamos de intentarlo». Están felices de ejercer su profesión de la forma en que más les gusta. Seguirán mejorando para crecer y ofrecer lo mejor a sus clientes.

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