Economía

Un euro a merced de los lobos

El rescate de Grecia e Irlanda y la especulación generalizada ponen en jaque a todo el Eurosistema

el 23 dic 2010 / 21:57 h.

Las protestas se han sucedido durante todo el año en Grecia; la de la imagen pertenece al pasado 15 de diciembre.

Desde que se puso en marcha la moneda única europea, en ningún año como en éste se ha puesto en duda su solvencia. Sin embargo, las grandes turbulencias de los mercados, más bien jaurías de especuladores, y la caída en desgracia de la deuda de dos países han puesto en jaque a la divisa y a la Eurozona. Primero Grecia y después Irlanda han sido los detonantes de una política económica común que se ha revelado menos consolidada de lo esperado. Eso sí, tanto en una situación como en otra, los socios del euro han salido al rescate para que los mercados no devoraran a los dos Estados y para que la crisis no se extendiera a otros como Portugal, España o Italia.

El primero en dar síntomas de debilidad fue Grecia. A principios de año se comenzaron a vislumbrar sus problemas. Era el primer paso en una crisis económica que acabaría contagiando a Europa y especialmente a sus finanzas. La raíz de la cuestión radica en que Gobierno heleno se había lanzado a gastar el dinero que no tenía en los años de bonanza.

Y, para no tener problemas con Europa, maquilló sus cuentas públicas. Cuando un nuevo Ejecutivo llegó al poder, a finales de 2009, se dio cuenta de que el déficit estatal era lejano al 3,7% que había asegurado el Ejecutivo anterior, ya que se situaba en el 13%.

Así, la deuda pública griega se tornó en una bomba que puso en jaque a toda Eurozona. La banca comenzó a pensar que prestar dinero a Grecia no era lo más conveniente, ya que este país no iba a poder hacer frente a los pagos y las agencias de calificación empezaron a rebajar la calidad de su deuda.

Ya en marzo, la Eurozona y el Fondo Monetario Internacional (FMI) tuvieron que debatir cómo responder a la situación. Una respuesta que se hizo de rogar debido a las reticencias de Alemania, que no veía con buenos ojos el rescate de la economía helena pues, como dijo entonces la canciller, Angela Merkel, el resto de Estados no tenía "que pagar los errores griegos". Incluso se llegó a proponer su salida de la moneda única, aunque finalmente incluso Berlín rechazó esa solución al conflicto.

Pero antes de activar ese plan de ayuda, Grecia tuvo que tomar medidas drásticas para frenar el crecimiento de su déficit. Entre ellas, subió los impuestos, el IVA pasó de un tirón del 19% al 23%, rebajó los salarios públicos en un 16% y anunció, además, que los pensionistas perderían parte de sus pagos.

Todo ello provocó un gran descontento social, que se materializó en las calles a través de protestas, a veces violentas, y la sucesión de varias huelgas generales, que aún hoy se siguen convocando.

La indecisión de la Eurozona para acudir al rescate de Atenas afectó a las bolsas y a la confianza de los mercados sobre otros países miembros, en especial Irlanda, Portugal y España, hasta que en mayo aprobó una línea de crédito de 110.000 millones de euros para ayudar a Grecia durante tres años -80.000 millones por la UE y 30.000 millones por el FMI-.

Fue entonces cuando los países más afectados por la crisis del euro comenzaron a anunciar severos recortes en el gasto público y aumentos de impuestos para evitar más caídas entre los socios. Pocos días después, los ministros de Economía de la UE emitían el visto bueno, después de una maratoniana reunión de once horas, un fondo de rescate dotado con 500.000 millones para países de la Eurozona con problemas para financiar su deuda.

El Fondo Monetario Internacional participaba con hasta 250.000 millones. Y todo para calmar a los mercados, constantemente pendientes de las subastas de deuda soberana, que cada vez salían más caras (tenían que pagarse más interés) a los países que estaban -y aún están- en el punto de mira de los especuladores.

Calmadas las aguas en verano, a partir del otoño Irlanda, paradigma del crecimiento económico de los últimos años, no pudo soportar su crisis interna y, aunque estuvo durante semanas resistiéndose, al final tuvo que capitular y pedir a la UE que acudiera en su rescate.

En julio la agencia de calificación Moody's puso en alerta al mercado sobre este Estado al recortar la nota crediticia de Aa1 a Aa2, y advirtió de que se dirigía hacia la recesión debido al necesario rescate del sector bancario, que en su tiempo jugó en exceso con el ladrillo. Standar&Poors y Fitch se unirían a estas rebajas. Desconfianza generalizada.

El 21 de noviembre, Irlanda decide pedir la activación del rescate a la UE después de que Berlín ratificara un plan de austeridad por el que se buscaba reducir el déficit estatal en 15.000 millones de euros para final de 2014. La crisis extendida -ya no era sólo un socio del euro, sino dos- puso de nuevo a España como objetivo de los especuladores. Y la UE tenía que actuar rápido para evitar el contagio. Que cayera Madrid hubiera sido la puntilla, un descrédito para la Eurozona.

El pasado 15 de diciembre, el Parlamento irlandés aprobó en votación el acuerdo sellado por el Gobierno con la UE y el FMI para acceder a un plan de rescate valorado en 85.000 millones, al que Dublín contribuye con 17.500 de euros.

Aunque los socios han actuado a tiempo, lo cierto y verdad es que la crisis de credibilidad perdura y con ella se estrenará 2011.

Cuestionado Estado del Bienestar. Para corregir su deuda pública y calmar a los mercados, los gobiernos de Europa han emprendido este año fuertes tijeretazos sociales. El Estado del Bienestar, puesto en cuestión y no solamente en los llamados países periféricos, Irlanda, España, Portugal y Grecia, sino en casi todos.

Se ha optado por endurecer las condiciones de acceso a las pensiones, adelgazar el peso de los funcionarios públicos o eliminar subsidios sociales.

Así, Francia y Grecia ya han aprobado el retraso de la edad de jubilación hasta los 62 y los 65 años, respectivamente, mientras que España prevé elevarla hasta los 67, el Reino Unido hasta los 66 e Irlanda hasta los 68.

En el caso de Francia, que contaba con la edad de jubilación más baja de toda la UE (60 años), el límite para cobrar la pensión sin descuentos se elevará a los 67 años, desde los 65 actuales.

Los colectivos más desfavorecidos también han sufrido recortes, como los desempleados de larga duración. Madrid ha suprimido la ayuda de 426 euros y el cheque-bebé, Berlín dejarán de aportar subsidios por maternidad y Londres acabará con las ayudas por hijo para las familias con mayor renta.
Irlanda, por su parte, prevé 3.000 millones menos en prestaciones en cuatro años, mientras que París abolirá ayudas a la vivienda y exenciones fiscales verdes y rebajará la indemnización por baja laboral.

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