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Cultura

Un fantástico uso del espacio

Lamarca da una vuelta de tuerca más a la historia para elaborar una interesante reflexión sobre la necesidad de trascender del ser humano y la soledad a la que está abocado en nuestra sociedad actual

el 02 ago 2014 / 22:05 h.

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El juicio de Dayton *** Compañía: Azar Teatro Dirección y dramaturgia: Javier Esteban Lamarca Intérpretes: Isaac Bravo, César Martín, Francisco Mateo, Chus de Lara, Cristina Calleja, Mercedes Asenjo, Carlos Tapia, Carlos Pinedo. En 1925 un maestro del estado de Tennessee fue llevado a juicio por enseñar a sus alumnos la Teoría de la Evolución de Darwin. En 1960 Stanley Kramer recogió su historia. La película se tituló Inherit The Wind y estaba basada en una obra teatral del mismo nombre escrita por Jerome Lawrence y Robert Edwin Lee. Dicha obra recogía los pormenores de aquel juicio que en la vida real se conoció popularmente como el juicio del mono y acabó convirtiéndose en un adalid contra el fundamentalismo religioso y la defensa de la libertad de enseñanza. La película de Kramer contiene también un trasfondo crítico contra el Macarthismo. Con esta nueva versión Lamarca da una vuelta de tuerca más a la historia para elaborar una interesante reflexión sobre la necesidad de trascender del ser humano y la soledad a la que está abocado en nuestra sociedad actual, donde el dinero y el éxito profesional se anteponen al amor y los valores morales. Fiel al esquema de la película, la puesta en escena mantiene el pulso de los diálogos delimitando un trabajo actoral de corte plenamente naturalista. No obstante, eso es lo más interesante, se ciñe a un lenguaje teatral plenamente contemporáneo. Así, se atreve a romper la cuarta pared para implicar al público desde la primera escena, cuando los intérpretes se dirigen a los espectadores convirtiéndolos en la audiencia del juicio, aunque de vez en cuando les vuelve a otorgar su papel real parando la acción, con el objeto de indicarles el cambio de escena. Cabe destacar la fluidez del ritmo escénico, la soltura del movimiento actoral y el fantástico uso del espacio. Lástima que la duración resulte un tanto excesiva a fuerza de extenderse demasiado en las primeras escenas, que al fin y al cabo no son más que una introducción. Y lástima también que el reparto sea un tanto irregular. No obstante, cabe resaltar el poderío escénico de Carlos Pinedo y la naturalidad que imprime a su personaje, así como la versatilidad y capacidad de conmoción de Cristina Calleja, en su doble papel de novia y granjera.

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