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Cultura

Un flaco favor a la historia

Lugar: Teatro Lope de Vega, 2 de diciembre. Obra: Así es, así fue. Autor: Juan Asperilla. Producción: Andrea D’Orico. Dirección: Laila Ripoll Intérpretes: Verónica Forqué, Joaquín Notario, Juan Fernández, José Manuel Seda. Calificación: **

el 03 dic 2014 / 14:31 h.

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Cuatro actores populares y un relato basado en hechos históricos que pretende establecer un paralelismo entre los males de nuestros actuales gobernantes y los que sufrimos en el presente. Es el objetivo de esta propuesta, una suerte de cruce entre la lectura dramatizada y el radioteatro. Bajo la neutralidad de un espacio escénico que focaliza las escenas en los cuatro atriles, la puesta en escena nos pone en situación antes del comienzo de la obra. Y es que, aunque se anuncia como una comedia se trata de suerte de lecturas, más o menos dramatizadas, con las que el autor pretende esbozar una semblanza de la sociedad española desde principios del siglo XV a comienzos del XVI. Para ello recurre tanto a la literatura como a la cultura popular, que Marcos León y Rodrigo Muñoz recogen en las canciones que interpretan en directo con maestría y soltura. Gracias a su labor se justifica en parte el calificativo de comedia, ya que muchos de sus temas están impregnados de frescura y, a la manera de los juglares antiguos, transmiten los chascarrillos y cotilleos que el pueblo dedicaba a sus gobernantes. Sin embargo, el repertorio de piezas elegidas, entre las que se mezclan textos de Jorge Manrique, El Marqués de Santillana, Bartolomé de las Casas, Francisco de Quevedo o Santa Teresa de Jesús, entre otros, no destaca precisamente por su comicidad. Tal vez por eso, en su empeño por dotar a la obra de un cierto carácter cómico, entre esos textos se cuelan otros que critican con sorna a los más altos dignatarios de la época, como Álvaro de Luna y Juan II de Castilla, o sus hijos, Enrique IV e Isabel la Católica, a quien no dudan en acusar de haber usurpado la Corona a La Beltraneja, que por cierto es el único personaje tratado con rigor. De esta manera, la obra nos lleva de la excelencia de los insignes literatos, a una suerte de retratos históricos que pretenden dar una imagen corrupta del poder. Pero por desgracia son tan frívolos y tendenciosos que sólo nos informan de los vicios sexuales y  su sed de poder. Debido a ello el ritmo decae y el relato se torna aburrido y carente de interés, a pesar de la soberbia interpretación de Verónica Forqué, Joaquín Notario, Juan Fernández y José Manuel Seda. Sin ellos esta obra no pasaría de ser una de aquellas soporíferas lecciones antiguas de épocas pasadas que le hacían un flaco favor a la historia.

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