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Un futuro negro para la materia gris

Los recortes en I+D+I sacan a la calle a los investigadores sevillanos, que alertan de que se está desmantelando un sistema que ha costado años y muchos millones poner en marcha. Y avisan: volveremos a niveles de hace 40 años

el 22 dic 2012 / 20:48 h.

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Los científicos sevillanos están acostumbrados a mirar hasta el último céntimo. Para ellos, las vacas gordas no han existido. En los últimos años, quizás, habían dejado de estar famélicas. Pero la crisis ha dinamitado lo construido. De no frenarse la escalada de recortes, éstos ponen en jaque no ya el futuro laboral de miles de personas, sino el avance de todo un país en materias tan sensibles como la salud. Precisamente para evitar que se llegue a este punto, han salido esta semana a la calle (como en el resto de España) para denunciar los recortes en la ciencia.

"Tengo compañeros con 40 años de trabajo que dicen no recordar una época como ésta. Yo llevo 15 años de carrera y tampoco he visto un momento peor que el actual". Javier Sánchez es científico titular del CSIC desde 2008 y trabaja en el Instituto de la Grasa, una de las instituciones de referencia del CSIC en Andalucía. En estos momentos está investigando cómo reacciona y se comporta el metabolismo de los jóvenes después de ingerir una comida grasa y qué pasaría si en vez de esas grasas, éstas se sustituyeran por aceite de oliva. Los primeros resultados apuntan a que los adolescentes estudiados presentan características propias de un síndrome metabólico, la antesala de la diabetes, una enfermedad que es la cuarta causa de muerte prematura en mujeres y la octava en hombres.

Javier no se llama a engaño: "Nunca ha sido buena la situación de la ciencia en España". Pese a todo, y desde que accedió a la titularidad en el CSIC, no le han faltado fondos para investigar. "Soy un privilegiado", reconoce. Pero no es un iluso. El panorama le hace temerse lo peor. "No sé cómo me van a afectar en el futuro los recortes". Desde hace meses tiene dificultades para contratar personal, no hay dinero para el mantenimiento de los equipos, recibe instrucciones de encender las luces solo cuando sea necesario y consumir "moderadamente" la calefacción... ¿Y el sueldo? "De verdad que el salario no es el problema. Es un salario digno, no nos podemos quejar. Lo que denunciamos es que con los recortes se van a parar líneas de investigación que, en algunos casos, son ya irrecuperables. Son proyectos muy competitivos en los que si no estás tú, vendrán de otros países y te adelantarán", ejemplifica.

Que el problema no es de salario sino de preocupación por la ciencia y los avances que ella trae consigo lo remacha Francisco Vega, post doctorado senior que trabaja en el Instituto de Biomedicina (IBIS). Volvió a España hace año y medio después de trabajar en el King's College of London y en una empresa privada. Mientras ha estado fuera de España su salario no ha bajado de los 3.000 euros. Ahora lo hace en su tierra por 1.500. "Los investigadores sabemos que perdemos dinero al volver, pero tenemos un punto idiota. Yo tenía claro que quería volver para aportar a mi tierra todo lo que pudiera", afirma. Francisco tiene 37 años y es consciente de que ha "dedicado" su juventud a llegar al punto en el que se encuentra ahora. Por eso califica de "auténtica pena" la política de recortes. "Todo ha servido de poco. El esfuerzo, el dinero y el tiempo se tiran al cubo de la basura", señala, al tiempo que avisa de que las tijeras aplicadas a la I+D+I suponen romper la cadena por la que un investigador como él dentro de unos años tendría que tener su propio grupo de investigación con proyectos que sacar adelante en materia de biomedicina. "Claro que me planteo irme de nuevo. Si en 2013 no me dan la Ramón y Cajal tendré que marcharme. Y eso es lo negativo: que te tengas que ir por obligación, porque los que hacemos carrera investigadora sabemos que tenemos que movernos por el extranjero, pero lo hacemos con libertad y por mejorar nuestras capacidades", sentencia.

Miriam González, investigadora contratada en formación, trabaja en el Instituto de Materiales de la Cartuja. A sus 25 años ha logrado un contrato de tres años, pero sus perspectivas de quedarse se resumen en un número: cero. "En el CSIC no se va a quedar nadie. Todo lo que se está invirtiendo en nosotros se perderá y lo disfrutarán otros", apunta. De hecho, el CSIC no ha convocado ni una plaza de científico titular este año y para el próximo se convocarán las justas para cubrir el 10% de la tasa de reposición fijada por el Gobierno. Es decir, algo más de 20 para todo el país. En 2008, el CSIC convocó 225 plazas; en 2009, 250 y ya en 2010, la crisis impactó de lleno en la mayor y más prestigiosa institución científica de España: salieron 50 plazas.

España había conseguido en los últimos años avanzar, aunque tímidamente, en los ranking (en estos momentos, España dedica el 1,3% de su PIB a I+D+I frente al 2,1% en la zona euro). Empezaba a ser un destino apetecible para los investigadores extranjeros. Fue el caso de Alicia Rosales, de 33 años y venezola. Hace cinco años, estando investigando en Estados Unidos, empezó a oír y a leer las investigaciones que se estaban desarrollando en la Olavide. Decidió cruzar el charco y desde entonces está en el Centro Andaluz de Biología del Desarrollo. Pero en un lustro la situación ha dado un vuelco. Donde antes eran siete investigadores, ya quedan tres; donde antes llegaba el dinero de los proyectos, ahora éste se eterniza; hay dificultades para pagar la luz... "Con los recortes muy probablemente me tendré que ir", confirma, al tiempo que constata cuál es el mensaje que España está transmitiendo con su política de recortes en I+D+I. "Ya no les recomiendo a mis colegas de fuera que vengan aquí a investigar". Un mensaje demoledor para la marca España que Rajoy dice estar dispuesto a defender con uñas, dientes... y tijeras.

La única salida para los investigadores está en la UE. Pero ahí las puertas se le abrirán a unos pocos escogidos. Javier Sánchez llama la atención sobre la falta de infraestructuras que tiene la ciencia española para obtener esos fondos. Bruselas concede importantes sumas de dinero a grandes consorcios empresariales europeos a los que las empresas españolas tienen serias dificultades de acceso. Habrá que intentarlo y confiar, sentencia Javier. En ello va el futuro de España.

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