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Jóvenes al día

Un gato amante del arte y la lectura que pasea en bicicleta

Jesús Barrera es un joven que decidió arriesgar y montar su propio negocio: una librería donde el arte, la cultura y el diseño se fusionan para deleite de sus clientes.

el 27 abr 2014 / 08:00 h.

Jesús Barrera, propietario de Un gato en bicicleta, junto a una de las exposiciones de su local. Jesús Barrera, propietario de Un gato en bicicleta, junto a una de las exposiciones de su local. En la céntrica calle Regina de Sevilla nos encontramos un negocio con aires de antaño. Su nombre es Un gato en bicicleta. Se trata de una librería especializada en el arte y todas sus facetas, desde las artes plásticas hasta las escénicas, pasando por la fotografía, el diseño o la arquitectura. También acogen la narrativa y la poesía independiente y hacen función de galería y sala de exposiciones. «Buscamos la sinergia de todo lo que son las artes, tanto el libro como la literatura o las artes plásticas. También tenemos exposiciones, hacemos teatro, conciertos y presentaciones. A través del libro trabajamos todas las áreas de la cultura», indica Jesús Barrera, dueño del local. Comenta que la idea de montar este tipo de negocio le vino tras observar un hueco en el mercado. «Un verano, buscando un libro de arte me di cuenta de que sólo había algunas pequeñas secciones en librerías grandes». Expone que muchos de sus amigos tenían que ir a Madrid a buscar libros específicos de arte, y que ahí fue donde encontró el empujón que necesitaba para ponerse manos a la obra. Tras detectar la necesidad y hacer un pequeño estudio de mercado él mismo, vio que el negocio era bastante viable: «No había ninguno de similares características», añade. En un CADE –Centro de Apoyo al Desarrollo Empresarial– revisan su plan de empresa. Jesús partía con ventaja, pues es publicista y bastante sabía del tema. Desde el CADE se dedican a orientarlo para poder poner en marcha su plan de empresa. Necesitó un préstamo para montar su negocio. Comenta que no encontró facilidades a la hora de la concesión de su crédito, tanto fue así que no le daban el préstamo. «Necesité que una amiga me avalara. Si no hubiera sido por ese aval no me lo habrían dado». Asegura que su préstamo no tiene mejores condiciones para emprendedores. La amiga que lo avaló se convirtió en su socia durante un tiempo. Ahora está él solo, aunque Raquel –su pareja– lo asesora y ayuda. En cuanto a la ubicación de su negocio, comenta que un día pasó y vio que se alquilaba el local. «Vine a verlo y me gustó, además estaba en una calle peatonal». De eso hace ya más de tres años. Cuando alquilaron el local estaban paralizadas las obras de las Setas: «No sabíamos si esto se iba a regenerar o no», expone. «Un 60-70% de los locales de la calle estaban vacíos, no había ningún negocio». Añade que fue una apuesta fuerte por esta zona, por que se abrieran las Setas un día y se regenerara la zona. Fue lo que realmente pasó: «Arriesgamos mucho, pero estamos encantados», matiza. Jesús expone que en un principio su negocio resultó muy novedoso, aunque ahora hay más librerías de este tipo. Comenta que el escaparate es muy importante para su negocio. Es punto de encuentro: «No tenemos el escaparate lleno de libros como normalmente tiene una librería, lo que hacemos son instalaciones artísticas». Cambian el escaparate con frecuencia y la gente se pasa a verlo. «Eso hace que la gente nos tome aprecio y que regrese el cliente», asegura. También destaca haber creado un espacio multicultural donde no sólo buscar un libro, sino que puedas encontrar una camiseta de diseño o ver una obra de teatro. «Es un centro comercial en pequeña escala donde puedas recibir un trato cercano y personalizado, a un precio asequible para el público». En cuanto al porqué de una librería, comenta que él siempre ha sido un tanto anticuado: «Soy muy analógico». El tipo de libros que Jesús vende no se encuentran en ebook. El libro de arte lleva fotografías, imágenes en color, dice que en este soporte es mucho más complicado: «Aunque estén las nuevas tecnologías, el amante del libro es fiel a éste y no lo abandona», remarca. Plantea que su negocio no es tan rentable como quisiera. «Rentable lo es, aunque es muy lento», dice. Comenta que después de tres años aún no han alcanzado los objetivos que plantearon, aunque añade que se comienzan a vislumbrar. «Hemos abierto en tiempos de crisis con un producto y un cliente muy específico. Sabemos que a largo plazo sí va a ser rentable, y lo que estamos haciendo es esperar», argumenta. Siguen reinventándose. No sólo por el tema del escaparate, sino porque van reciclando todo lo que tienen en la tienda. «Eso es lo quiere el cliente, ver un negocio vivo», añade. En cuanto a sus clientes, dice que son personas con un nivel socioeconómico medio-alto. Aunque últimamente se aprecia un cambio, también en la edad. «Mientras antes era de 30 a 55 nuestro margen de edad, ahora está bajando, vienen chicos de 20-21 años, estudiantes de Bellas Artes que ahorran para poder comprarse un libro». Destaca que eso tiene mucho mérito, más teniendo en cuenta que los libros de arte son más caros de lo normal. «El libro se está convirtiendo en algo fetichista, de colección», señala. Se va demandando como algo vintage. «Al libro se le está dando un valor que antes no se le daba o que perdió años atrás», dice. «Es el momento de rescatar ideas de negocio antiguas. El cliente necesita volver a lo de antes, ideas revisadas que se adapten a las necesidades del cliente de hoy pero con la esencia de siempre», argumenta convencido. No considera que haya suficiente apoyo a los jóvenes emprendedores en este momento. Dice que pidió una subvención hace más de tres años y que aún no ha tenido respuesta. Añade que el tema del emprendimiento está muy parado en España: «Deberíamos mirar al modelo de Inglaterra, donde se les dan dos años sin pagar IVA, autónomo o retenciones». Opina que la ayuda al emprendedor no es sólo no tener que pagar el autónomo durante varios meses. Emprendimiento significa para él libertad y esclavitud. A él le encanta su trabajo, pero es esclavitud porque su día laboral tiene unas 18 horas. «Trabajar en tu propio negocio es muy sacrificado. Aun así estoy muy contento y animo a todo el que tenga una idea a que emprenda».

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