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Un genio reducido a sus imitadores

Nuevo Auditorio de Fibes. 20 años Camarón. Al cante: Diego Carrasco, Remedios Amaya, la Susi y Duquende. Baile: Paloma Fontava. Toque: Miguel Ángel Fernández, El Paquete y Jesús de Rosario. Percusión: Ramón Porrina y Lucki Losada. Palmas y coros: Simón Román, Enrique el Piculabe y Pedro el Granaíno. Bajo: El Maca. Teclados: José María Cortina. Dirección musical: Tomatito, Luis Monge y El Paquete. Artistas invitados: Arcángel y Raimundo Amador. Producción: Macandé. Entrada: casi lleno. Sevilla, 13 de septiembre de 2012.

el 13 sep 2012 / 07:19 h.

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Impresionante el nuevo Auditorio de Fibes, que quedó inaugurado anoche con el anunciado homenaje a Camarón de la Isla con motivo de los veinte años de su muerte, dentro de la XVII Bienal de Flamenco. Impresionante y tan gélido que Badía podría curar en él sus inigualables jamones. Mucho público, casi lleno, o sea, entre 2.500 y 3.000 personas, que recibieron seguramente lo que iban buscando: un atracón de quejíos camaroneros, unos más forzados que otros y amplificados por un sonido algo deficiente, que sirvió para comprobar la buena acústica del teatro, sobre todo cuando los cantaores y cantaoras abandonaban el micrófono.

Con la dirección musical de Luis Monge -hijo de Camarón-, Tomatito y El Paquete, el espectáculo repasó una parte del repertorio más comercial del genio de la Isla de León por parte de artistas muy ligados al cantaor y que de alguna manera han continuado su escuela, como son Remedios Amaya, la Susi, Duquende y Bernardo, además de otros, como Diego Carrasco o Arcángel, que no son precisamente camaroneros, aunque adoren al universal cañaílla.

No hay que pasar por alto la enorme calidad del coro, compuesto por Simón Román, Enrique el Piculabe y Pedro el Granaino, que fueron quienes mejor recordaron la voz única de José Monge Cruz, con excepción del catalán Duquende, que es seguramente quien con más fidelidad entendió su legado musical. Y no hay que olvidar la participación del gran Raimundo Amador, que hizo llorar su guitarra eléctrica.

Diego Carrasco fue quien primero salió al escenario, cantando y bailando con su estilo característico, de indudable escuela jerezana. Quizás por esto, por ser jerezano, quiso recordar también al gran Moraíto Chico, que hace poco más de un año que nos abandonó, recordándonos la convivencia de ambos en la calle Marqués de Cádiz. Remedios Amaya, conocida durante un tiempo por La Camarona, eligió tangos y bulerías, en los que siempre se ha desenvuelto como pez en el agua.

Entre los guitarristas que la acompañaron estaba Raimundo, quien seguidamente abandonó la sonanta de las seis cuerdas para, con la eléctrica, obsequiarnos con dos temas emblemáticos del dúo Pata Negra, Lunático y Camarón. Fue quizás uno de los momentos más brillantes de la noche, que dio paso a la revelación del homenaje al genio, el arte y la personalidad de una joven bailaora, Paloma Fantova, con una fuerza increíble en el zapateado y una velocidad vertiginosa en cada uno de sus movimientos, por tonás.

Flamenquísima. Llegó luego el momento de otra camaronera de renombre, Susana Amador La Susi. Siempre artista en el escenario, cantaora profunda y con sello, cantó la Nana del Caballo Grande, uno de los temas estrella de La leyenda del tiempo. El numeroso público asistente estaba ya embriagado de camaronmanía, del recuerdo del artista, pero aún quedaba uno de los platos fuertes de la noche, Duquende. Hacía tiempo que no actuaba el catalán en Sevilla y había ganas de escucharlo, sobre todo entre los numerosos gitanos jóvenes que acudieron al concierto. Comenzó con un taranto y la cartagenera chaconiana, Los pícaros tartaneros, de la que Camarón hizo una versión personalísima que ha quedado como modelo para la mayoría de sus seguidores.

Duquende desgarró su garganta y emocionó, refrescando luego su voz por tangos y terminando con unos fandangos de Antonio el de la Carsá, siempre según el estilo de José Monge. Estuvo colosal. Quedaba el Camarón blanco, como le llamó alguien antes del concierto. Nos referimos al onubense Arcángel. Según dijo el propio artista no llegó a tratar personalmente a Camarón, pero declaró su admiración por él y por su música. Lo demostró interpretando Canastera, sus fandangos de Calle Real, alegrías y seguiriyas, siempre con la voz al límite y acompañado magníficamente por el guitarrista granadino Miguel Ángel Cortés. La de Arcángel fue la nota distinta, el timbre diferente.

De nuevo la bailaora Paloma Fontava, que fue la triunfadora de la noche, para cerrar un homenaje algo decepcionante, aunque emotivo. Parte del público empezó a marcharse antes de finalizar el concierto, quizás porque se alargó demasiado, debido a que comenzó con media hora de retraso sobre la hora prevista, las diez de la noche. A un genio del cante como Camarón no se le puede reducir a sus imitadores, y mucho menos a cuatro palos del cante, cuando lo grabó casi todo.

Camarón era algo más de lo que vimos y escuchamos anoche, pero si esto ha servido para recordarlo y comprobar que sigue vivo tras dos décadas de su marcha física, solo nos resta agradecer el esfuerzo de todos y el detalle de la Bienal. Por último, destacar la presencia del alcalde de Sevilla, Juan Ignacio Zoido, y la del ex alcalde Alfredo Sánchez Monteseirín, así como la de algunos artistas, pocos, al menos que viéramos entre tanta gente, en un lugar laberíntico.

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