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Un giro al pragmatismo

Mas ha coqueteado con situarse al margen de la Constitución. Ahora gobernará y tendrá que quedarse dentro como hizo Pujol.

el 28 nov 2010 / 22:34 h.

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Siete años después CiU recupera la Generalitat. El tiempo dirá -y las próximas elecciones autonómicas (2014) sentenciarán- si los convergentes además lograron recuperar Cataluña de la crisis... económica y de identidad.
Artur Mas se enfrenta por primera vez al reto de gobernar la comunidad (nación diría el protagonista). Una misión para la que se dice preparado desde 2003, cuando ganó las elecciones pero el tripartito (PSC-ERC-ICV) le impidió acceder a su trono, o 2006, la segunda vez que reeditó su estéril triunfo electoral. Ayer arrasó y ahora sí será el president. Y en solitario, sin necesidad de coalición, que raras veces funcionan -como demuestra el debacle del tripartito- y mucho menos en época de crisis.
Pero el país que hoy hereda Mas no tiene nada que ver con el de 2003. Cataluña ha dejado de ser el principal motor económico de España, en detrimento de Madrid, la tasa de paro supera el 17% -lo que equivale a más de 560.000 catalanes sin empleo-, y una deuda pública que CiU cuantifica en 40.000 millones de euros. Además, Artur Mas tendrá que gestionar a un electorado nacionalista en máxima ebullición desde el fallo del Tribunal Constitucional (TC) sobre el Estatut -el pasado junio- y movilizado para los comicios en una comunidad donde cerca del 66% de los catalanes dice sentirse muy o bastante orgulloso de ser español y tan solamente un 31,7% se declara nacionalista, según el barómetro del CIS publicado hace apenas 16 días.
entre dos aguas. Durante la campaña electoral CiU y su presidente han nadado y guardado la ropa, han incrementado los decibelios de su nacionalismo pero han eludido comprometerse con el referéndum independentista de ERC, han amenazado con abandonar la vía estatutaria -e incluso la de la Constitución- tras el recorte del Estatut pero han evitado concretar el nuevo camino a seguir. El llamado concierto económico catalán es la única dirección que aparece en la hoja de ruta hecha pública por el próximo presidente de la Generalitat. El mismo pacto fiscal que rechazó en la transición.
El objetivo ahora de Artur Mas es que Cataluña recaude sus impuestos -aunque prevé eliminar el de sucesiones para las rentas más altas- y reintegrar una parte a las arcas del Estado tal y como hace el País Vasco. No obstante, en su programa electoral no detalla qué cupo devolvería la Generalitat al Estado como pago por los servicios prestados en la región. El plan es reducir a la mitad la aportación de Cataluña a la solidaridad con las comunidades menos favorecidas. Una idea que no es mayoritaria en la región, ya que, según la encuesta del CIS del día 12, más de la mitad de los catalanes está a favor de que los territorios más prósperos ayuden a progresar a los más atrasados.
Durante los 23 años que Jordi Pujol gobernó en Cataluña, las reclamaciones de mayor autogobierno se resolvieron con una mejora del sistema de financiación. Así lo supieron los ex presidentes del Gobierno Felipe González y José María Aznar, a los que cada vez que obtuvieron el respaldo político de los nacionalistas les llegó más tarde una factura a La Moncloa. No parece que la ecuación vaya a cambiar con la elección de Mas. E incluso es más que probable que el Ejecutivo de Zapatero recupere el voto convergente para las futuras reformas económicas del país. Pero no es probable que el concierto catalán vaya a ser la próxima factura.
El líder de CiU quiere que el nuevo pacto fiscal esté operativo en 2013, aunque Zapatero ya le ha dicho que es "imposible" por "inconstitucional". El presidente le conmina al Estatut, en parte fruto del acuerdo entre PSOE y CiU. Pero si la respuesta de Zapatero es negativa, la del PP, principal favorito para ganar en las elecciones generales previstas para 2012, es de rotundo rechazo. No obstante, en política todo es posible. Si Aznar habló catalán en la intimidad tras su ajustada victoria de 1996, ¿hasta dónde sería capaz de llegar Mariano Rajoy si vence en 2012 y necesita a CiU?
Pero además del autogobierno y la financiación económica, Mas tendrá que hacer frente a la elevada tasa de paro -el plan es situarla en el 10% como la media europea, aunque no se sabe muy bien cómo-, la deuda pública, el bilingüismo, la corrupción en el Palau de la Música -que no le ha pasado factura dado los brillantes resultados de ayer- o la inmigración. En la comunidad 1.293.283 de los 7.504.881 habitantes son extranjeros (el 15,9%) y la crisis económica y las elecciones sólo han contribuido a generar inquietud entre la ciudadanía y algunas de las propuestas, al borde de la xenofobia, a nublar el panorama.
el rumbo del psc. La aplastante derrota de ayer es una advertencia para PSOE y PSC: la crisis se paga y los experimentos con gaseosa, también. Las elecciones de 2006 ya fueron un aviso para los socios del tripartito: en las autonómicas de hace cuatro años todos los integrantes perdieron escaños, ayer ya fue la debacle.
Al fin y al cabo a PSC-ERC-ICV le ha pasado lo mismo que a todos los gobiernos europeos en el poder, la crisis económica les expulsa a la oposición. Pero en Cataluña además ha habido un exceso de "ruido" y "algarabía", que diría Felipe González, que ha provocado la sensación de mayor ingobernabilidad y desconfianza. En el haber de la coalición quedará el logro de la financiación, el traspaso de los Cercanías y los trenes regionales, el impulso de infraestructuras como el AVE o la ampliación del aeropuerto de El Prat, así como la creación de escuelas, guarderías y hospitales. Y en su contra se encuentra la política lingüística con las multas por no rotular en catalán, la situación económica, el paro, la prohibición de las corridas de toros o los abusos policiales en las protestas por Bolonia. Y todo ello aderezado por la confrontación interna, las contradicciones entre los socios y muchas dosis de improvisación.
La carrera nacionalista emprendida por el PSC y José Montilla ha sido un fracaso. Los socialistas han sido incapaces de movilizar a su electorado tradicional, compuesto en gran parte por los inmigrantes de la década de los 60 y 70, más preocupados por los logros sociales que por el autogobierno. Un electorado además que suele acudir en masa a los urnas en los comicios generales en detrimento de los autonómicos: Zapatero obtuvo en 2008 en el cinturón rojo de Barcelona 876.000 votos más que Montilla en 2006.
Estos resultados harán reflexionar al PSC, que durante parte de la legislatura coqueteó con la idea de tener grupo propio en el Congreso para dar salida a sus aspiraciones nacionalistas. Los votantes socialistas parecen preferir al partido catalanista (que no nacionalista) de toda la vida, a tenor de los resultados de ayer. Y también harán temblar al PSOE de Zapatero. La desmovilización de un electorado desencantado y hastiado por los efectos de la crisis también será el reto de los socialistas en los comicios de 2011 y 2012. La de ayer fue la primera prueba de fuego y resultó un auténtico fiasco. Los socialistas confían en dar la vuelta a las encuestas cuando florezcan los ansiados brotes verdes, pero lo de ayer es para asustar.
Tampoco a ERC ni a Joan Puigcercós les ha funcionado la bandera de la independencia, más izada que nunca. La gestión de gobierno les ha pasado factura pero además ya no hay en Madrid un partido y un presidente (PP y Aznar, respectivamente) que amenacen el autogobierno de Cataluña. Sus votantes o se quedaron en caso u optaron por un nacionalismo más convencional y pragmático, el de CiU, que reclama autogobierno en Madrid y se lleva una mejor financiación. La proliferación de grupos independentistas -el de Joan Laporta logró representación parlamentaria- también le terminó perjudicando.
el pp recupera fuerza. Los populares de Alicia Sánchez-Camacho logran su mejor resultado y vuelven a ser la tercera fuerza política del Parlament, aunque tal vez no sea el partido decisivo que esperaba en la campaña por la abultada victoria de CiU. No obstante, las sensaciones para el equipo de Mariano Rajoy para los próximos comicios son las mejores. Rajoy ha asegurado estos días que el cambio en España comenzaba por Cataluña y ayer los resultados no le desmintieron: las primeras elecciones de la crisis trajeron un cambio de gobierno, el descalabro del PSOE (PSC) y el auge del PP.

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