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Un Gobierno con más peso político para una crisis que se agrava

Quienes reclamaban cambios que insuflaran energía en el Gobierno han visto sus aspiraciones colmadas. Zapatero, ha demostrado que participaba del análisis de quienes reclamaban más impulso en las carteras ministeriales y ha emprendido una remodelación de largo alcance sólo doce meses del nombramiento del primer gobierno de su segunda legislatura.

el 16 sep 2009 / 01:03 h.

Quienes reclamaban cambios que insuflaran energía en el Gobierno han visto sus aspiraciones colmadas. Zapatero, ha demostrado que participaba del análisis de quienes reclamaban más impulso en las carteras ministeriales y ha emprendido una remodelación de largo alcance sólo doce meses del nombramiento del primer gobierno de su segunda legislatura.

La crisis obliga. El deterioro de la situación económica está siendo de tal envergadura que el presidente ha decidido rodearse de un núcleo duro de un peso político infinitamente mayor que el que ahora trabajaba en el Palacio de la Moncloa. Así, sustituye en la vicepresidencia económica a un Pedro Solbes que daba signos públicos de agotamiento político por la hasta ahora ministra de Administraciones Públicas, Elena Salgado; mantiene a Teresa Fernández de la Vega y fortalece su primera línea con la llegada de Manuel Chaves, llamado a ser junto a Salgado una de las dos piezas clave del ejecutivo.

El relevo de Solbes no sorprende a nadie. Desde que aprovechara una comparecencia pública para decir que le envidiaba a Bermejo su condición de ex-ministro, no han dejado de sonar voces subrayando que la manija económica del Gobierno no la podía controlar una persona tan de vuelta como el ya ex vicepresidente. Quien más quien menos, todos aventuraban que su presencia en el Ejecutivo no podía prolongarse por mucho tiempo.

Lo que ya se predecía menos era que Manuel Chaves pasaría a ser el nuevo hombre fuerte del Gobierno, la persona clave en el manejo de las relaciones con las comunidades autónomas en vísperas de la negociación del nuevo marco de financiación de las regiones y el encargado de buscar acuerdos con los nacionalistas que aporten estabilidad a un Ejecutivo en precario tras las elecciones gallegas y vascas.

La crisis, la cuestión territorial y la falta de apoyos parlamentarios se entrelazan como factores que han obligado a Zapatero a tirar de esta manera de los principales dirigentes de su partido.

El presidente necesita, como proclamó ayer, "cambiar el ritmo", y para testificarlo llama al Gobierno al presidente del PSOE, Manuel Chaves, y a su vicesecretario nacional, José Blanco, a quien adjudica el Ministerio de Fomento. Por primera vez en décadas, toda la cúpula del PSOE federal estará representada en el Gobierno, lo que confirma la gravedad de la crisis y justifica decisiones de tanto calado como la de reclamar a Chaves que ponga fin a 19 años de presidencia en Andalucía para que regrese a Madrid.

Los otros cambios son también importantes, pero de menor nivel que los mencionados antes. Así, y junto a una asunción de las competencias en Deportes que no deja de causar cierta extrañeza, otorga por fin una cartera, Sanidad (en detrimento de Bernat Soria), a una de sus más estrechas colaboradoras en su operación de asalto al poder en el PSOE, Trinidad Jiménez; rectifica en el Ministerio de Educación, que cede al rector Ángel Gabilondo, y releva en Cultura a César Antonio Molina, a quien cambia por la guionista Ángeles González-Sinde.

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