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Cofradías

Un grito a la autenticidad de los cofrades

Francisco Berjano convenció a un auditorio que supo reconocer la hondura cristiana de un pregón atípico.

el 06 abr 2014 / 14:49 h.

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PREGON DE SEMANA SANTA 2014Tan encantado salió el arzobispo con lo que acababa de oír sobre el escenario del Maestranza que ya camino de los camerinos Asenjo fue madurando esa idea de colaborar en una «edición baratita» del pregón para repartirla entre parroquias y hermandades como «una especie de vademécum o guía práctica de lo que debe ser la vida del cofrade». Quico Berjano, «prototipo y modelo de un buen hermano mayor», como lo definió el prelado, había conseguido emocionar minutos antes a un entregado auditorio sin necesidad de recurrir a aspavientos ni florituras literarias. Ni falta que le hizo. El suyo no fue un anuncio de la Semana Santa al uso, pleno de lirismo ni ajustado a eso que se ha dado en llamar los moldes clásicos de un pregón. Fiel a su perfil de creyente, de persona profundamente religiosa, el hermano mayor de Vera-Cruz desgranó su particular desideratum de lo que deben ser las hermandades y cofradías, de su papel en el seno de la Iglesia como vehículo para la santificación de sus hermanos y de la actitud del cofrade como cristiano comprometido con el mensaje del Evangelio. Todo un aldabonazo a las conciencias en un tiempo en que el ruido exterior perturba la esencia de la Semana Santa y la misma naturaleza de estas asociaciones eclesiales. El resultado, un pregón valiente, profundo, denso, auténtico, sin afecciones impostadas, con mucha sustancia doctrinal y teológica y que fue creciendo en empatía a medida que el auditorio comenzó a conectar con el estilo particular de pregonar del que hizo gala ayer este magistrado a lo largo de la hora y 29 minutos que duró su disertación. Emocionó. Sí. Pero no a través del arte de la retórica, sino por el camino de las vivencias y sentimientos personales. Hermano de La Paz y del Baratillo, amén de la Vera-Cruz, ya en el frontispicio de su pregón Berjano recurrió a su experiencia como costalero y nazareno de la cofradía del Porvenir para descorrer las cortinas de un nuevo Domingo de Ramos. «Y es que de aquí en siete días, a esta misma hora, habrá por las calles de mi barrio nazarenos blancos, nazarenos blancos del Porvenir». Un relato donde no faltó su recuerdo a Manolo Santiago, «capitán perpetuo» de la cuadrilla de costaleros que el desparecido capataz bautizó como los legionarios del Porvenir. Pronto el pregonero descubrió sus credenciales para haber sido llamado a ocupar el atril del Maestranza en la mañana del Domingo de Pasión. Fue a la hora de agradecer al Consejo su «temeraria decisión» de haber elegido como pregonero a «una persona que no tenía más mérito y currículum que el de haber nacido en una familia cristiana y cofrade y haber tratado con sus limitaciones de vivir como tal desde entonces». Y pronto también reveló Berjano el «guión» que iba a vertebrar su pregón: la cruz como «icono supremo de amor» y que preside la Semana Santa de principio a fin desde que es entregada «al Cristo de la Victoria una mañana de Domingo de Ramos hasta que queda desnuda en San Lorenzo, con una Madre toda Soledad». Cruz a cuya sombra ligó el pregonero sus vivencias y recuerdos como hermano baratillero. «No hay vida humana sin cruz. Lo queramos o no, no hay vida sin padecimiento, sin sufrimiento», palabras que le sirvieron a Berjano para enhebrar un homenaje al artista recientemente fallecido Daniel Puch, «que supo llevar su cruz con esa dignidad por bandera» y para acuñar un nuevo verbo al hilo de los Evangelios, «cirenear:tomar con amor tu cruz y la del prójimo y caminar...». Las dificultades auditivas de su esposa Pilar también estuvieron presentes en el pregón, un pasaje en el que incluyó el recuerdo a los invidentes que en la víspera del Viernes de Dolores visitan la capilla del Dulce Nombre de Jesús y «ven» con sus dedos al Cristo de la Vera-Cruz. Como especialmente emotivo fue también su mención a Antonio, el costalero invidente de La Paz, y a cuantas personas «sufren penosas y largas enfermedades» y soportan su cruz tratando de que su sufrimiento no pase de ellas. «¿Quién consigue que, a pesar de sus carencias físicas, la luz siempre les resplandezca? ¿Quién carga con su cruz? (...)». Y la respuesta que halló el pregonero fue categórica: «Sin duda alguna el que todo lo puede, Nuestro Padre Jesús del Gran Poder». adoctrinamiento. Cumplido casi un tercio de su pregón, Berjano cambió el tono del discurso para, desde su militancia y experiencia en el mundo de las hermandades, empezar a adoctrinar sin aridez, con suma sutileza, a los cofrades sobre la misión de las cofradías, que va más allá de la de catequizar a través de sus pasos, arrancando a veces alguna sonrisa del auditorio y hasta algún esporádico óle. Llamó la atención sobre «el peligro de acostumbrarnos» al «contacto rutinario» y a esa inmediatez con las imágenes, «de tal manera que, incluso al santiguarnos, lo hagamos de forma mecánica mientras a miles de kilómetros de aquí, en Egipto, Irak, Nigeria, India o China, hay personas que mueren por no renunciar a hacerlo; cristianos que creen en nuestro mismo Dios». Berjano invitó a los cofrades a adorar al Santísimo, «pero hacedlo sin ataduras, no por el qué dirán si no lo hicierais» y propugnó un culto «digno y austero, con una liturgia adecuada y proporcionada» en el seno de las hermandades, prescindiendo de «ciertas cuestiones adjetivas» para evitar distracciones. Defendió el pregonero la necesidad de una actividad formativa «que nos lleve a vivir la radicalidad del Evangelio», actualizó el llamamiento del Santo Padre Benedicto a los cristianos para convertirse en «obreros del Evangelio» y recordó las dos visitas del Papa Juan Pablo II a Sevilla y los momentos vividos «cuando beatificaba a Nuestra Santa, rezaba el Ángelus desde la Giralda o hablaba a los jóvenes desde el balcón del Palacio Arzobispal». «No basta con formarse», sentenció a continuación el pregonero, e invitó de nuevo a los cofrades a «poner en práctica los principios evangélicos» desde la humildad y la sencillez y a embarcarse en la misión evangelizadora de la Iglesia. «(...) Tenemos la responsabilidad misionera de hacer llegar a Cristo a quienes no lo conocen o ignoran. No debemos disfrutarlo sólo nosotros; es un Patrimonio que hay que compartir». Aplaudida fue también la metáfora de convertir a Sevilla en «un inmenso paso», con Dios como capataz supremo, y los cofrades como costaleros. «Vamos a fiarnos de Él, vamos a seguir su voz, que empujando entre unos y otros con ese paso podremos». Por delante quedaban aún los pasajes más emotivos del pregón. Uno de ellos coincidió con las palabras de gratitud del pregonero a la Macarena cuando halló en la Esperanza consuelo para un serio bache de salud. «... Gracias por estar siempre alerta, por tu abrazo cálido y tierno, por mirarme como me miras...». Y el otro cuando la emoción embargó al pregonero al recordar a su madre terrenal y al brindar su dedicatoria de amor a la Virgen de las Tristezas de su devoción. Habló, sí, pero con mucha delicadeza del aborto, enalteció la labor social que realizan hermandades como el Dulce Nombre de Bellavista, «coronando a su Virgen a base de platos de comida», y La O, con su programa de ayuda a mujeres gestantes en situación de exclusión social. Hizo reír al auditorio cuando criticó la ligereza que emplean los cofrades para juzgar al prójimo: «¡Con qué facilidad largamos! ¡Es la especialidad de la casa!». Y, tras rendirse en oración ante su Cristo de la Vera-Cruz, culminó su disertación dedicándola a esas personas a las que les haya «sonado a chino su pregón, les haya sobrado o se hayan aburrido». A todos, «paz y bien». Serrano repasó el año cofrade y tiró de humor en su presentación Si por algo se caracterizan las presentaciones de pregoneros que ya acumula Gregorio Serrano en su currículum es por limitarse a eso, a presentar al orador sin robarle ni una décima de protagonismo ni usurparle el papel de exaltador. «Todavía con el corazón temblando», el delegado de Fiestas Mayores incluyó una cuña en su discurso después de haber tenido en sus brazos a la Macarena la noche del sábado antes de que se procediera a subirla a su paso. Antes de poner en suerte al pregonero, el capitular hizo un particular repaso del último año cofrade «en el que nos dejaron cofrades que marcaron una época». Así, tuvo recuerdos para Manuel Yruela, «eterno delegado del Lunes Santo», para Eduardo Ybarra, «hermano mayor y cofrade del Silencio» y para Daniel Puch «artista que trasladaba al lienzo el realismo de las imágenes». Recordó las salidas extraordinarias de la Virgen de la Victoria y de las Angustias de los Gitanos, los años jubilares que se viven en la Macarena y El Museo y hasta se acordó de las dos hermandades que «desgraciadamente no pueden estar en sus templos», la Exaltación y San Roque. Cofrade de Sevilla, magistrado, profesor, costalero, corredor de maratones... De Francisco Berjano le quedó poco por decir, hasta que está casado con Pilar y que tiene un hijo que se llama Curro, con el que ha tenido la suerte de compartir varios años trabajaderas bajo el paso del Cristo de la Victoria. «Curro ha salido todavía más cofrade que el padre, ya que es hermano de Vera Cruz, La Paz, El Baratillo, La Carretería, la Macarena y la Sacramental del Sagrario, desconociendo este presentador a quien corresponde el pago de las preceptivas cuotas de hermano». Gregorio en estado puro.

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