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Un heredero identificado con los españoles

El Príncipe de Asturias es un hombre identificado con los españoles. Por eso fue el primer heredero de la Corona en tener una licenciatura, presentar un programa de televisión o asistir a una manifestación. Incluso fue el primero capaz de casarse con alguien alejado de la realeza: una periodista. (Foto: EFE)

el 14 sep 2009 / 23:24 h.

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El Príncipe de Asturias es un hombre identificado con los españoles. Por eso fue el primer heredero de la Corona en tener una licenciatura, presentar un programa de televisión o asistir a una manifestación. Incluso fue el primero capaz de casarse con alguien alejado de la realeza: una periodista.

Don Felipe es un hombre sereno, tierno y firme que representa al jefe del Estado, consciente de que su objetivo principal es servir a una España cada vez más cohesionada en torno a la Constitución, como él mismo repitió en numerosas ocasiones y matizó el 22 de mayo de 2004, cuando contrajo matrimonio con Letizia Ortiz, al afirmar que ese enlace suponía "dar una continuidad histórica a la Corona".

Fue precisamente con su boda cuando demostró su firmeza. Siempre mantuvo que se casaría por amor y con garantías de que sería con la persona adecuada. Y en menos de tres años aseguró por partida doble la sucesión con el nacimiento de sus dos hijas, las Infantas Leonor y Sofía.

Con su matrimonio encontró la estabilidad para afrontar con solidez el futuro. Lo dijo por aquel entonces y lo repite ahora: "Soy un hombre feliz". Precisamente esa felicidad, que se palpa desde fuera, ha sido la que le ha acrecentado su cercanía con la gente.

Su determinación se empezó a forjar muy pronto. No pasó un mes desde su décimo tercer cumpleaños cuando permaneció toda la noche del 23 de febrero de 1981 con su padre, Don Juan Carlos, el mejor ejemplo de cuál es su papel en una monarquía parlamentaria, para seguir uno de los hechos más lamentables de la incipiente historia de la democracia: el intento de golpe de Estado de Tejero.

Durante esas horas vio cómo el patrón -tal como él y sus hermanas llaman al Rey y como éste se dirigía a su padre, el Conde de Barcelona- encauzó una difícil situación que siempre estará en su memoria, como muestra de que el camino a seguir no siempre será fácil.

Cuando murió su abuelo, Don Juan de Borbón, demostró una gran serenidad al caminar firme y solo, con el gesto imperturbable, tras el ataúd que llevaba el cuerpo de una de las personas que más quería.

Los ciudadanos conocen los gestos de cariño hacia su esposa, la ternura que le despiertan sus dos hijas o su calidez cuando acompaña a los familiares de las víctimas de la violencia atroz e injustificada, que condena siempre.

Prueba de ello fue con la masacre del 11 de marzo de 2004, cuando hizo que por primera vez un miembro de la Familia Real, el Príncipe, acompañado por sus hermanas las Infantas Elena y Cristina, encabezase una de las más multitudinarias manifestaciones contra el terror. Fue un acto público excepcional en su agenda.

Es habitual que al término de una audiencia o recepción con los representantes de los más diversos sectores se oigan comentarios relativos a lo preparado que está para todo, lo que sabe o la oportunidad de sus preguntas. Interesado por todo lo que ocurre a su alrededor, estudia concienzudamente sus actividades y por eso sorprende a sus interlocutores, a veces con cuestiones que van más allá de lo profesional y porque hay que estar cerca de él para apreciar su gran sentido del humor.

Su amplio papel institucional en el exterior, que comenzó oficialmente en el año 1996, le ha dado a conocer internacionalmente y le ha provisto de un gran bagaje de cara a asumir la Jefatura del Estado.

En este sentido, el por aquel entonces secretario general de Naciones Unidas, Koffi Anann, consciente de su personalidad y seriedad, le nombró en 2001 persona "eminente" para promocionar el Año Internacional del Voluntariado. No faltó a una sola cita dentro o fuera de España para defender esa causa, sin desatender el resto de sus obligaciones.

En los 27 años que han pasado desde que pronunció su primer discurso en Oviedo en 1981, con motivo de la presentación de la Fundación Príncipe de Asturias, ha conocido de cerca los problemas de los españoles en su actividad diaria, en los que ha profundizado en el contacto con la familia y el entorno de su esposa, doña Letizia, que aprendió rápidamente su papel de compañera del heredero de la Corona.

El Príncipe, como cualquiera de su generación, es un experto en las nuevas tecnologías y entre ellas internet, que le permiten saber lo que los españoles opinan de todo, incluido él mismo, y que la Corona en España se mantiene con un trabajo excelente, del que ha dado pruebas sobradas y que está dispuesto a seguir asumiendo en los años venideros.

Como dijo recientemente una persona de su entorno, el Príncipe de Asturias es "un cheque en blanco para la estabilidad del país". Cuando habló hace unos días en la celebración del 70 cumpleaños del Rey, le dio las gracias por su permanente ejemplo de vida intensa entregada al servicio de la nación, en especial para quien, como él, le sucederá.

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