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Cultura

Un hombre derrotado

El cantaor José Menese ofrece un doloroso recital en el Teatro Central.

el 04 mar 2015 / 21:16 h.

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Teatro Central de Sevilla. Ciclo Flamenco viene del Sur. Antología. Artista invitado: José Menese. Guitarra: Antonio Carrión. Palmas: Los Mellis de Huelva. Entrada: casi lleno. Sevilla, 3 de marzo de 2015. El cantaor José Menese, en un momento de su concierto en el Teatro Central. / Jesús Barrera El cantaor José Menese, en un momento de su concierto en el Teatro Central. / Jesús Barrera Es duro ir a escuchar cantar a José Menese, uno de los grandes, de los dos o tres que quedan, y pasar un mal rato en la butaca del teatro. A un crítico de flamenco no tienen por qué gustarle todos los cantaores, como no tienen por qué gustarle a un simple aficionado. En tantos años dedicado a esta profesión, algo más de treinta, nunca he ocultado mi admiración por este cantaor de la Puebla de Cazalla. No sé si eso es o no ético, siendo crítico, pero no lo he hecho. Su voz me cautivó hace cuarenta años y he vibrado muchas veces escuchándole en su pueblo y en muchos otros pueblos de España, en teatros y en peñas, en escenarios y en privado. Puedo presumir, y lo hago, de que me ha cantado solo para mí en su finca de la Puebla, la que tiene en la carretera de Marchena. Fue un día que acudí a hacerle una entrevista y al final me tenía preparada la sorpresa: había citado allí al guitarrista morisco Fernando Rodríguez para cantarme por soleá en el salón de su casa de campo. Lo hizo a un metro de mí, entregado, con el duende enredado en su garganta, y cuando acabó casi me pude venir volando a Sevilla. Menese tiene detalles así, es un cantaor de raza, auténtico, que disfruta con el cante cuando nada le atormenta y está entre cabales que saben apreciar el valor de su estilo y compromiso. Le he escuchado noches memorables, pero también he asistido a noches para olvidar. La de ayer en el Teatro Central no fue ni para recordarla toda la vida ni para olvidarla tampoco. No sé cómo describir lo mal que lo pasé en la butaca viendo a un José Menese derrumbado, hecho unos zorros, una calamidad. Y lo cierto es que fue con la voz estupenda, con las cuerdas de la jondura bien afinadas y sonando con una profundidad increíble, como solo él puede sonar porque tiene el don de la hondura y el de traspasar muros de hormigón. Cuando entonó el polo no me podía creer que le saliera aquella voz a un hombre al que le costaba sostenerse en pie. Y en los tientos, uno de los puñales que le atraviesan el alma, estuvo pletórico, aunque ahí empezó a preocuparme y abandoné el teatro. No quería asistir a lo que pudiera venir, que ni si quiere lo sé. Ni quiero saber cómo acabó todo. A pesar de su estado físico y emocional, la noche tuvo sus buenos momentos, sobre todo cada que vez que sonaba la guitarra de Antonio Carrión. Su solo por bulerías fue sencillamente genial. Este hombre tiene la gloria ganada y no solo como guitarrista, sino como la columna más fuerte que sostiene a Menese en pie. Solo por eso hay que quererlo, aunque como guitarrista es de lo mejor que hay para hacer cantar bien a alguien. Hasta a un José Menese derrotado.  

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