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Un hombre mata a tiros a cuatro personas en Olot

Dos de los fallecidos eran padre e hijo y se encontraban en un bar. Después se ha trasladado a una sucursal bancaria de la CAM, donde ha matado al subdirector y a una empleada del banco.

el 15 dic 2010 / 09:18 h.

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Un hombre de 57 años, al parecer llevado por un ánimo de venganza por problemas económicos, ha matado hoy a tiros al jefe de la empresa de la construcción para la que trabajaba y a su hijo, que estaban en un bar, y luego ha acabado con la vida de dos empleados de una entidad bancaria de Olot (Girona).

El autor de este cuádruple crimen, que se ha acabado entregando a una patrulla de la policía local de Olot, es Pere P.P., un vecino de La Vall d'en Bas (Girona), de nacionalidad española, sin antecedentes penales y aficionado a la caza, que según han señalado a Efe fuentes cercanas al caso habría actuado como venganza por motivos económicos.

El homicida ha irrumpido hacia las 09:10 horas de la mañana en el bar La Cuina de l'Anna, del núcleo de La Canya, en la Vall de Bianya, cerca de Olot (Girona), y sin mediar palabra ha disparado mortalmente al dueño de la empresa Construccions Tubert, de la que era trabajador, y a su hijo.

Según las mismas fuentes, el homicida, que es soltero y vive con su padre octogenario, se ha dirigido en coche al bar armado con su escopeta porque sabía que allí estaba desayunando el constructor, Joan Tubert, de 62 años, y le ha disparado sin mediar palabra un único tiro mortal, a corta distancia, y luego ha disparado también contra su hijo, Àngel Tubert, de 35 años.

El propietario del bar, en el que en aquellos momentos había una decena de clientes -a los que el autor del crimen ha ignorado por completo-, ha explicado que el homicida se ha dirigido directamente hacia donde estaban padre e hijo y les ha abatido desde muy cerca. "Entró, disparó y se fue sin decir absolutamente nada", ha señalado el dueño, Guzmán Sánchez.

Al parecer, según fuentes próximas a la investigación, el hombre ha cometido este doble crimen inicial como venganza por algún problema de índole laboral o económico que tenía con el empresario de la construcción.

Los investigadores están tratando de averiguar ahora cuál era la situación laboral del homicida, para saber, por ejemplo, si estaba a las puertas de ser despedido o había sufrido algún impago.

Tras salir del bar, el homicida se ha subido a su coche y ha recorrido a toda prisa la poca distancia que separa La Vall de Bianya de Olot, y hacia las 09:21 horas ha entrado en una oficina de la Caja del Mediterráneo (CAM), donde había tres trabajadores de la entidad bancaria, aunque ningún cliente.

Armado con la escopeta, el acusado ha disparado mortalmente a dos empleados -Anna Pujol, de 56 años, y Rafael Turró, de 46-, que han fallecido casi en el acto, sin que los servicios de emergencia pudieran hacer nada para salvarles la vida. La tercera empleada, que en aquel momento se encontraba en un despacho, resultó ilesa.


Según fuentes cercanas al caso, una de las hipótesis que barajan los investigadores es que el homicida también actuara en este otro doble crimen llevado por algún problema de índole económica con la entidad bancaria, ya que en principio se descarta el móvil del robo.

Tras salir de la oficina bancaria, el homicida se ha dirigido hacia su vehículo, que estaba aparcado en doble fila, aunque antes de llegar al coche se ha encontrado con una patrulla de la policía local de Olot, por lo que se ha dirigido hacia los agentes, les ha confesado que acababa de matar a cuatro personas y se ha entregado.

El autor del cuádruple crimen iba armado en el momento de entregarse, aunque su escopeta apuntaba hacia el suelo. Sin embargo, uno de los agentes, al ver al hombre armado, ha desenfundado su arma reglamentaria, momento en el que se ha producido un disparo fortuito, que no ha provocado heridos, ya que la bala se ha incrustado en la fachada de una funeraria.

Este cuádruple crimen sitúa a Olot como la capital de la crónica negra en Cataluña, ya que esta pequeña población, tras dejar atrás el histórico secuestro de la farmacéutica Maria Angels Feliu, que estuvo 492 días cautiva a mediados de los noventa, aún está escandalizada tras descubrirse durante las últimas semanas que un celador de un geriátrico local mató al menos a once ancianos, a los que envenenó aprovechándose de su indefensión. 

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