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Un hombre sereno con poderes para estallar

El delegado de Urbanismo y Medio Ambiente, en un contrataque sorpresa, transformó la semana pasada su tranquilo perfil.

el 07 oct 2012 / 16:40 h.

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Si hasta los reyes tienen un annus horribilis, ¿por qué no va a tener una semana negra el delegado de Urbanismo y Medio Ambiente? Y ojalá sean sólo siete días, porque la serenidad que caracteriza a Maximiliano Vílchez se esfumó sorprendentemente, sobre todo, al cuestionarse su puesto al frente del Urbanismo de Juan Ignacio Zoido. Y es que por todos es ya conocido que las caracolas de la Gerencia tienen goteras, literalmente y por los históricos números rojos. Aunque parezca mentira, la que fuera la principal fuente de ingresos del Ayuntamiento ahora hace aguas, y no por un solo sitio.

Que si una pretendida subida exagerada de las tasas urbanísticas -posteriormente rebajada- , que si el proyecto frustrado de Decathlon junto al Estadio Olímpico, que si la construcción de cero VPO cuando el PP prometió mil al año, que si las dimisiones en la Gerencia, que si las desavenencias con la patronal de la construcción, que si una rueda de prensa -a modo de capotazo o maniobra de distracción- para presentar al virtual ganador del concurso del mercado gourmet... Demasiados frentes contra un hombre acostumbrado a trabajar "con discreción, sin campanilleros al lado", como él mismo asegura.

Maximiliano Vílchez Porres (nacido el 23 de abril de 1959) es un hombre sencillo, educado, alejado de las estridencias de los políticos agresivos o encarados, pero no tuvo más remedio que cambiar de careta para poner freno a lo que él mismo reconoce como "semana mala". ¿Y cómo lo hizo? Eligió el Pleno municipal para responder a las críticas y contratacar políticamente. Usó un tono encendido que sorprendió a propios y extraños. Incluso a sus oponentes Juan Espadas (PSOE) y Antonio Rodrigo Torrijos (IU) que, con todo, siguen alabando el talante sereno y reflexivo del popular, su discurso respetuoso. Lo que no quita para que su gestión, e incluso su equipo, sean duramente criticados. Algo que él acepta con normalidad, menos cuando se cruzan intereses que van más allá.

Por el poco tiempo que tenía, por las continuas interrupciones de su compañero Javier Landa o porque sus amigos de banca no paraban de hablar, Vílchez defendió como pudo su gestión. A su juicio, fue más "vehemente" de lo normal. Eso sí, sin cruzar esa línea roja que todo buen político debe trazar. Sin insultos ni insinuaciones malintencionadas, con argumentos, más o menos acertados. ¿Explotó? Pues sí. Sobre todo porque se vio víctima de una campaña interesada para forzar su salida del equipo de gobierno de Zoido. ¿Tendrá a sus enemigos en la propia Gerencia? Si es así, debería explotar más a menudo, pero de Gerencia para dentro.

Estalle o no estalle, Maxi, para los amigos, es una persona que sabe escuchar, reflexivo y con soluciones "sensatas". "Muy centrado, sin estridencias, un gran gestor". Así lo describen los que trabajan día a día con él. "Te admite la polémica de manera serena, sin perder el norte", aseguran.

¿Y cómo es él fuera de las precarias caracolas de la Gerencia de Urbanismo, una sede con 20 años de provisionalidad? Es un hombre que cae bien, con un ritmo pausado que transmite confianza y seguridad. Este licenciado en Derecho con dos hijos -exsubdelegado del Gobierno en Cádiz- es amante del footing, del cine y la lectura y, sobre todo, del tiempo con sus hijos. Rehuye de los bares y multitudes y hace gala de disfrutar en la intimidad con su grupo de amigos. Eso sí, no puede elegir entre la playa o la montaña porque adora la Tacita de Plata y su limpia arena -¿y quién no?- y hacer escapadas largas a su pueblo, Órgiva, la capital de la Alpujarra granadina.

Su trayectoria profesional -perteneciente al cuerpo superior de letrados del Ministerio de Trabajo (1985), jefe de asesoría jurídica (1988-99), profesor asociado al departamento de derecho del Trabajo por la Universidad de Sevilla (1990-02) y director provincial de Tesorería de la Seguridad Social de Sevilla- le ha hecho confiar en los técnicos. Su lema era: "Los técnicos son los que saben y el político sólo ha de poner las condiciones para que hagan su trabajo". Pero eso quizás haya cambiado. Ahora al frente de Urbanismo ya ha tenido que hacer valer el criterio político: rebajó la subida de las tasas que proponían sus técnicos y el propio gerente pese a estar al frente de una Gerencia de Urbanismo que está, por primera vez en la historia, en quiebra. Le quedan, pues, muchos chaparrones por aguantar y muchas goteras por taponar.

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