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'Un hombre soltero': La elegancia y el cine

el 10 feb 2010 / 20:36 h.

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Que actores o directores de segunda unidad sientan en un momento dado que tienen mucho más que ofrecer a la industria cinematográfica y decidan pasar a la realización de un filme es algo que viene pasando desde hace incontables décadas (y ahí están ejemplos como los de Charles Laughton, George Clooney o Mel Gibson para demostrarlo).

Que sea un diseñador de moda el que ejecute tan arriesgado movimiento ya no resulta tan normal. Y que para colmo este tenga el renombre de Tom Ford es, a todas luces, un hecho inaudito. Y más aún resulta el hecho de que el diseñador (homosexual declarado con la misma pareja desde hace 23 años) haya decidido estrenarse con un filme que, según dicen, ya es de los más representativos dentro de ese subgénero cinematográfico que es el del drama con connotaciones gay.

La historia de Un hombre soltero nos lleva a Los Ángeles en 1962, en el punto álgido de la crisis de los misiles cubanos que casi llevó al mundo a la Tercera Guerra Mundial. Allí conoceremos a George Falconer (Colin Firth), un profesor universitario británico homosexual de 52 años que lucha por encontrarle sentido a su vida tras la muerte de su compañero sentimental, Jim (Matthew Goode). George rememora el pasado y no consigue ver su futuro, especialmente en un día en el que una serie de sucesos y encuentros lo llevan en última instancia a decidir si la vida tiene sentido después de Jim.

George recibe consuelo de su amiga más íntima, Charley (Julianne Moore), una belleza de 48 años que también lucha con sus propias dudas acerca del futuro. Un joven estudiante, Kenny (Nicholas Hoult), que está intentando aceptar su auténtica naturaleza, acecha a George porque ve en él a un espíritu afín.

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