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Un hotel en un molino

En 2007 nació Molino la Boticaria, el primer alojamiento de turismo rural de la Campiña, con rutas a caballo y de senderismo como uno de sus grandes reclamos.

el 15 sep 2009 / 08:29 h.

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En 2007 nació Molino la Boticaria, el primer alojamiento de turismo rural de la Campiña, con rutas a caballo y de senderismo como uno de sus grandes reclamos. Un año después, ya tiene reservas hasta 2009 y un elevado índice de ocupación cada día.

Está en una finca de 25 hectáreas a tres kilómetros de Marchena, con acceso desde la carretera a La Puebla de Cazalla. El nombre viene de Emilia Naranjo, la primera farmacéutica de Marchena y madre de los actuales propietarios, que decidieron que el turismo rural podría revalorizar la finca y hacerla complementaria con su labor agraria.

El edificio era un antiguo molino, luego reconvertido en casa de labor, y está en el camino de la Fuente del Perro, en pleno corazón de Las Arenas, el entorno donde tienen su origen gran parte de las familias de Marchena. Una sucesión de pinares y olivares, con suaves colinas y llanos con espectaculares vistas, le dan gran belleza al entorno. "Esta finca no tenía el suficiente tamaño para poderla conservar sólo con la labor agraria, así que buscamos nuevas formas de mejorarla por ser una herencia de gran valor para nosotros", destaca Javier Ruiz, el actual propietario. "Nuestros proyectos futuros son consolidar la clientela y el alojamiento", agrega. Pese a su reciente creación, la ocupación es elevada diariamente, apostilla Purificación Ruiz, en la recepción.

Las 10 habitaciones tienen el nombre de las distintas variedades de aceituna y disponen de baño, aire acondicionado y televisión. También cuenta con jardines y piscina. La mitad de las habitaciones suelen estar ocupadas diariamente. "Y tenemos reservas ya para el 2009", apunta la encargada de la recepción. El tipo de visitante suele ser muy variado: personas que tienen necesidad de alojamiento cuando están visitando la comarca, visitantes por negocios o por placer...

El establecimiento dispone de cuadras para el mantenimiento de caballos de los visitantes. "Los clientes pueden traerse sus propios caballos, ya que el amante de estos animales suele venir con los suyos y nosotros le organizamos rutas en el entorno", retoma el propietario.

Muy cercano a Molino la Boticaria están las ruinas del convento de Santa Eulalia, por donde las crónicas aseguran que pasó Cristóbal Colón y tuvo una biblioteca de 4.000 volúmenes. "Un hotel lo hay en cualquier sitio, pero un entorno como éste no es muy común", insiste.

Un entorno desconocido que muchos visitantes confunden con la vega de Carmona, pero que es el corazón de la Marchena rural. Una Marchena rural que hace 50 años estaba llena de numerosas pequeñas explotaciones y muchos molinos de aceite, donde abundaban el agua y las huertas. Uno de ellos es éste reconvertido en un hotel orientado al turismo rural.

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