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Un humanista cristiano

El pasado día 4 se nos ha ido para siempre José Contreras Rodríguez-Jurado (Sevilla 1935-2012).

el 09 ene 2012 / 22:29 h.

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El pasado día 4 se nos ha ido para siempre José Contreras Rodríguez-Jurado (Sevilla 1935-2012). Poco les dirá este nombre a quienes solo atienden a la superficie de los lances de esta ciudad, especialista como pocas en devorar a sus hijos más preclaros. Entre otras muchas cualidades, todas ejercidas por él con la discreción del verdadero sabio, era historiador y cronista de Sevilla, hasta un punto realmente notable. Cualquier suceso del pasado, cualquier familia de las de renombre (él mismo descendía de Adolfo Rodríguez-Jurado) era minuciosamente descrito y analizado hasta en sus detalles más nimios. En un momento era capaz de contarte anécdotas mil sobre cualquier personaje o personajillo, y de sacar a flote los entresijos más oscuros de esta urbe tan maravillosa como ingrata. Y sin hablar mal de nadie; jamás le oí hablar mal de nadie. Pues no ponía adjetivos, sino que contaba y contaba, para que cada cual sacase sus conclusiones, como un verdadero historiador (de los de antes). Su curiosidad universal le llevaba a los dominios más insólitos, los de la heráldica, la genealogía, el derecho (fue también profesor en la Universidad de Sevilla), y por supuesto la religión y la teología, a las que dedicó algunos años de seminario incompleto, y que antes había cultivado desde abajo, desde el conocimiento de la miseria y la injusticia social, tristes realidades en que quedaban tanta escolástica, tanta curia vaticana y tanto señorito de golpe de pecho. Desde muy joven fue misionero urbano vocacional, hasta el punto de convivir, mediados los 50, con los desheredados de El Vacie, el eterno suburbio de Sevilla. De la extraordinaria pobreza en la que de joven vivió siempre da cuenta esta anécdota, que en su familia guardan como un tesoro: siendo ya novio de María Isabel, la que sería su esposa, al no tener con qué franquear las cartas que le escribía a Madrid, dibujaba él mismo los sellos en el sobre, y con tanta precisión, que colaban perfectamente y llegaban a su destino. Da esto idea también de su extraordinaria capacidad para el dibujo y la pintura. Un verdadero humanista, en fin, al que su propio padre llamaba "mi Leonardo".

Yo tuve la suerte de encontrármelo como funcionario del Ayuntamiento (aquel Ayuntamiento devastado por 40 años de franquismo) cuando llegué en 1979, en un decrépito Negociado de Educación. Y he de decir que sin su ayuda, cordial y siempre dispuesta a superar los escollos administrativos más enrevesados, no hubieran sido posibles tantas cosas como hicimos (un humanista cristiano y un humanista agnóstico), tantos colegios nuevos como se levantaron. Los sucesivos alcaldes Del Valle y Rojas-Marcos supieron incorporarlo a actividades de más rango institucional, como se merecía. Pero no sé por qué a mí me parece que él hubiese querido permanecer en las más duras tareas a las que nos dedicábamos en aquellos años decisivos: alfabetización de adultos, atención a hijos de madres trabajadoras... No se me olvidará el disgusto que se llevó cuando supo que yo ya no continuaba en la política municipal, y no por mi decisión. Tampoco él lo comprendió nunca. Descanse en paz.

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