Cultura

Un interesante encierro deja en evidencia a la terna de novilleros

PLAZA DE LA REAL MAESTRANZA
Ganado:  Se lidiaron seis novillos de Herederos del Conde de la Maza, desigualmente presentados. El primero de la tarde, manso total, resultó ilidiable. El sexto también resultó violento y el segundo, con picante, tuvo importancia. Tercero y cuarto fueron manejables y el quinto fue un excelente ejemplar de boyantes y templadas embestidas y larguísima duración .

Novilleros: Andrés González, silencio y silencio.
Salvador Barberán, silencio y ovación tras aviso.
Alejandro Enríquez, silencio en ambos.

Incidencias: La plaza registró menos de un cuarto de entrada en tarde de agradable temperatura a la sombra.

el 06 sep 2010 / 07:59 h.

Andrés González.

Ésta vez no se le puede poner un pero a un encierro, el del conde de la Maza, que brindó muchísimas posibilidades para una terna que enseñó irremisiblemente sus vergüenzas en distintos registros.

En el caso del más que pasado Barberán, certificando que por mucho que apele, su sentencia es irrevocable y sumarísima. Por parte de los tales González y Enríquez, dejando ir una buena oportunidad para decir aquí estoy yo pero, entre la incompetencia de unos y otros, fueron saliendo hasta cuatro novillos con variada baraja de posibilidades que se fueron enteritos.

El caso más flagrante fue el de Salvador Barberán, un muchacho  talludo y grandullón que lleva no sé cuantas temporadas en esto sin pasar de su particular catálogo de posturas. Tampoco sé que pintaba una vez más en la Maestranza, pero a tenor de la paupérrima entrada registrada supongo que no convenía tirar de otros nombres más o menos ilustres de un escalafón que no está sobrado de excelencia. El caso es que el ínclito Barberán no quiso ni ver al segundo de la tarde, un toro con fondo mansito que tuvo su importancia y picante en la muleta. Con más listeza por el derecho y mayor boyantía por el izquierdo, el algecireño no se puso delante ni una vez, loco por tomar la espada y aquí paz y después gloria.

Pero el quinto, frío y corretón en su salida, llegó a la muleta del espigado novillero con una templadísima y excelente embestida que pedía alguien que quisiera ponerse a torear. Barberán hizo como que lo intentaba pero no pasó de componer posturas mientras el novillo, de lío y triunfo gordo, se le marchaba enterito. Ni más ni menos.Abrió la tarde un chico de Albacete, sobrino del gran Dámaso González, que se dejó la genética en el hotel.

Para abrir boca se encontró con el plato más indigesto del variado encierro del conde. El primero era casi ilidiable y se le quiso picar como en un tentadero en un interminable tercio de varas que se debía haber resuelto cambiando los terrenos y cruzando las absurdas e inservibles rayas. Es mejor no extenderse demasiado en la actuación del sobrino de su tío. Sólo decir que se trató de un auténtico despropósito que no se puede justificar en el escaso estilo del manso torancón, que no tuvo ni un atisbo de sangre brava.

El manchego se encontró en segundo lugar con un novillete un punto abecerrado y escasas fuerzas que se partió un pitón en el tercio de banderillas. Habría convenido igualarlo y echarlo abajo cuanto antes para ahorrarnos el dudoso espectáculo del pitón colgando y ensangrentado. Para colmo, el bichejo se lastimó las manos durante la faena pero, a pesar de todo, siguió mostrando altas dosis de nobleza en la muleta de González, que se hartó de dar pases de todos los colores sin orden ni concierto.

Cuando salió el tercero, las formas más refinadas del granadino Alejandro Enríquez nos hicieron tomar un poco de aire. Pero sólo fue un espejismo pasajero. Sin hacer el ridículo, el muchacho no llegó a estar a la altura de su primer enemigo, un ensabanado flojito de manos con el que se templó intermitentemente en un toreo despegado al que le faltó resolución.

Enríquez terminó de confirmar los peores presagios naufragando con el sexto, un torete que humilló en los primeros compases de la lidia pero llegó a la muleta con exceso de violencia y muy mal estilo. Al novillero se le vio demasiado espeso de ideas y el personal, a esas alturas de la noche, andaba loco por coger la puerta y olvidar un espectáculo que no tuvo historia. La semana que viene será...

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