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Un japonés en Marqués de Paradas

El restaurante tiene nombre de cristiano perseguido, Kakure. Otra forma (muy literal) de tocar los palillos en Sevilla.

el 12 sep 2011 / 19:01 h.

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Hace ya tiempo que se habla de una expansión silenciosa de los asiáticos, lo cual es verdad sólo con ver cómo proliferan los bazares orientales. Pero la cosa no se queda en el gatito de la suerte, porque qué decir de los restaurantes, con sus comidas exóticas, generalmente económicas y de gran aceptación. A los primeros aluviones de estos establecimientos, conocidos popularmente como los chinos, se han añadido en alguna ocasión propuestas más selectas o ideas más modernas. Es lo que acaban de hacer Abel Domínguez y su socio Fernando Valseca. Y no con un chino, sino con un japonés: Kakura, que es el nombre dado a los antiguos cristianos perseguidos en aquel país.

Se inauguró el pasado día 2 de septiembre y está en Marqués de Paradas. Parece ser que está siendo la comidilla, nunca mejor dicho, de los buenos iniciados sevillanos a la gastronomía internacional, no sólo por lo que sirve sino también por cómo lo hace: mediante una cinta transportadora. Así es: además de las mesas, que son como las de cualquier restaurante normal, hay una especie de barra donde los comensales que allí se sientan van eligiendo de entre los platos que pasan, ya preparados, conforme les vaya apeteciendo uno u otro. Esto ya se había visto en Madrid y Barcelona, no tanto por el sur. Aparte, como se decía, también hay otra carta donde se pueden elegir otros platos.

"Nos ha costado mucho esfuerzo, dedicación y estar siempre de aquí para allá sin parar," explica Abel Domínguez. Este joven sevillano, aventurero y buscador de nuevos retos, ha estado viviendo durante tres años y medio en países asiáticos como China o Japón, de resultas de lo cual ha acabado convertido en un incondicional de la cultura oriental y de su historia. Ahora, en su vuelta a España por asuntos familiares, ha montado un restaurante japonés en el que dice haber invertido los últimos siete meses de su vida, junto a Fernando, para ponerlo en marcha. En algunos casos, yendo y viniendo entre Sevilla y Oriente para traerse las cosas que necesitaba y aquí no había.

La afición por la cultura oriental y sus ganas de mostrársela al paisano español le vienen de algún tiempo atrás, tanto que ya tiene una tienda de muebles y artículos de esas tierras lejanas, que ahora regenta el hermano. Ahora ha expandido su negocio nipón con este Kakure, aunque la gente de a pie no lo conozca demasiado ya que no han podido hacer un plan de marketing con folletos y algún anuncio. Razón de más para que se interesen los aficionados a las rarezas exóticas poco masificadas.

El restaurante consta de una sala con 11 mesas donde pueden comer hasta 30 comensales y después, en las mesas junto a la cinta transportadora, hay cabida para otros 30 comensales. El local está ambientado con murales de samuráis, cuadros exóticos y caligrafía oriental dibujada en las paredes. El ambiente ayuda a la relajación para charlar distendidamente con los acompañantes y también ayuda la comida suave que ofrecen, con luces tenues y rojizas. En la parte izquierda se puede encontrar la famosa cinta transportadora. Junto a ella hay dispuestas unas mesas para dos personas, muy cómodas para ir recogiendo los platos.

El extraño nombre viene del largo período en que los cristianos que había en aquellas tierras eran perseguidos y decapitados. Entonces, tuvieron que esconderse, ocultarse, y así eran conocidos como kakure kirishitan, cristianos ocultos. Y ya tiene algo pedante con lo que fardar cuando vaya allí en buena compañía, dispuesto a experimentar, a descubrir culturas y sabores y a comprobar que Sevilla es más de lo que se ve a simple vista.

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