Cultura

Un juego exquisito para los más peques

Crítica del espectáculo infantil Pinxit, en la Sala La Fundición. Por la compañía Bachymo. * * * *

el 18 ene 2014 / 21:19 h.

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* * * * Obra: Pinxit. Lugar: Sala La Fundición 18 de enero. Compañía: Bachymo Teatro. Dirección: Colectiva. Artista: Arturo Ledesma. Espacio sonoro: Ethan Moloidia y Arturo Ledesma. Calificación: Cuatro estrellas   En las dos últimas décadas el teatro infantil ha ido ganando terreno hasta el punto de convertirse en un auténtico adalid de la creatividad teatral. Porque en su empeño por crear afición desde la más tierna infancia, algunas compañías han abierto una brecha de investigación donde la danza, el teatro y las artes plásticas funden sus técnicas hasta llegar a conformar un lenguaje escénico diferente. Podemos comprobarlo con esta propuesta del grupo zamorano Bachymo Teatro. La obra gira en torno al proceso de creación en directo de un artista plástico, Arturo Ledesma, quien se sirve de las nuevas tecnologías para proponer una poética de imágenes que se completa con la interacción de los espectadores. Para ello va dibujando en un cristal una serie de formas abstractas con colores básicos que adquieren movimiento al ser proyectadas sobre una especie de tablado acolchado, un gran edredón que cubre el escenario alrededor del cual se sitúan los espectadores. Todo ello se funde con un recurrido musical que curiosamente imprime una atmosfera de solemnidad, todo un riesgo creativo sin duda, teniendo en cuenta que la obra se dirige a niños de edad comprendida entre o y cuatro años. Sin embargo, y al contrario de lo que podría parecer el espacio sonoro no sólo no asusta a los peques sino que, a tenor por su reacción, los empuja a completar la propuesta. Y es que estos singulares espectadores tardan bien poco en darse cuenta de que el escenario los llama y da gusto verlos intentando atrapar las formas en movimientos, transitando por ellas, o incluso revocándose hasta formar un todo con sus cuerpos y la pintura proyectada, completando la poética de imágenes que Arturo Ledesma va recreando de forma improvisada. Se trata sin duda de un juego exquisito que ofrece a los infantes la posibilidad de disfrutar de un universo abstracto de sensaciones que potencia su sensibilidad, y además permite a los padres observar la capacidad de sus hijos para relacionarse con otros niños mientras conquistan una pequeñita porción de independencia.  

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