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Un lobo vestido con piel de cordero

David Cameron, el líder conservador.

el 07 may 2010 / 20:51 h.

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Los pronósticos finalmente se cumplieron. David Cameron, el candidato a primer ministro del Partido Conservador, ha ganado las elecciones en Reino Unido, aunque sin lograr la mayoría absoluta -de momento ha obtenido 306 escaños de los 650 que tiene la Cámara de los Comunes-. Su trabajo le ha costado, pero para ello su más directo rival, el laborista Gordon Brown, le ha echado más de una mano: durante la campaña electoral ha cometido varios deslices, entre los que no podía faltar un descuido con un micrófono abierto que permitió que se le pillase criticando a una de sus votantes. A este fallo se suma que los británicos estaban más que cansados de 13 años ininterrumpidos de gobierno laborista y del carácter difícil de Brown.

Pero a Cameron no hay que infravalorarle, también ha sabido hacer sus deberes, es la cara amable de los tories, y hasta ahora en poco o nada se parece a la Dama de Hierro, Margaret Thatcher. Es un hombre que ha logrado modernizar su formación, es más compasivo que los neoliberales que le precedieron en su partido, ha sabido librarse de sus compañeros más reaccionarios y parece haber neutralizado las diversas corrientes internas que estaban enfrentadas en asuntos como la relación con las minorías o la Unión Europea (UE). Además, en esta época de crisis, se muestra mucho más prudente que sus antecesores, ya que le resulta difícil defender abiertamente el capitalismo salvaje. También es bastante más centrado en temas sociales como son los derechos de los homosexuales, la aceptación del aborto y el apoyo a la sanidad pública. Es decir, es la imagen dulce de los tories, un político que se ha vestido con piel de cordero para ganarse al electorado más de centro.

En esta campaña también ha sabido dar sus golpes de efecto. Uno de ellos fue el reclutar al actor Michel Caine para su causa. Éste se dejó fotografiar junto a Cameron cuando el candidato tory presentó su plan de acción contra las bandas juveniles, en el que incluye un servicio social voluntario de dos meses para los adolescentes. La lucha contra la violencia juvenil es un punto importante en el programa electoral del hasta el jueves candidato conservador, que se ha propuesto cambiar la dinámica de los barrios más marginales del país, donde los adolescentes se enrolan en bandas por la falta de alternativas de ocio y de salida laboral.

De todos modos no hay que olvidar que es el heredero del thatcherismo y que a partir de ahora es cuando realmente los británicos conocerán la verdadera línea ideológica de Cameron, un político que cuando presentó su programa electoral anunció que daría nuevos poderes a los ciudadanos, al prometerles que podrían elegir a sus comisarios de Policía, organizarse para crear escuelas para sus hijos, convocar un referéndum contra las subidas de impuestos de los ayuntamientos y despedir a la mitad de su mandato a los diputados que no hagan bien su trabajo. Este caramelo para los británicos contrasta con su anuncio de reducir drásticamente el gasto público, que, sin duda, supondrá más de un sacrificio.

Y es que ya ha llegado la hora de Cameron, un político de 43 años, a quien sus detractores le reprochan sus orígenes: unos padres ricos, unos años en el internado elitista de Eton, estudios de Filosofía, Políticas y Economía en la Universidad de Oxford y una mujer, Samantha, que procede de la aristocracia del país.

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