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Cultura

Un maestro para el broche

La Bienal de Flamenco se clausuró anoche con el anunciado homenaje al maestro del cante Juan el Lebrijano, que estuvo acompañado por artistas como Dorantes, Inés bacán, Diego Carrasco, Tomás de Perrate y Juan José Amador.

el 06 oct 2014 / 01:11 h.

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lebrijano-01 El Lebrijano, en un momento del concierto. / El Correo EL CANTE SE ESCRIBE CON L * * * * Escenario: Teatro de la Maestranza. Cante: Juan Peña El Lebrijano, Inés Bacán, Juan José Amador, José Valencia, Diego Carrasco y Tomás de Perrate. Baile: Carmen Ledesma y El Carpeta. Guitarras: Ramón Amador, Antonio Carrión, Pedro María Peña y Ramón Amador hijo. Piano: Dorantes. Entrada: Lleno.   Acabó la Bienal de Flamenco. Se acabó anoche con un merecido homenaje a una de las grandes figuras del cante, Juan Peña El Lebrijano. La apertura fue un desastre y la clausura salió aseada, con varios invitados que dieron sus pinceladas en honor del maestro: Inés Bacán, Diego Carrasco, Carmen Ledesma, Dorantes, Tomás de Perrate, José Valencia y El Carpeta. Y un buen número de músicos. El teatro se llenó y el público disfrutó, sobre todo con El Lebrijano, que a pesar de sus años y achaques, aún tiene un vozarrón que es capaz de emocionar cantando por soleá y seguiriyas sin más compañía instrumental que la guitarra. Emociona por su profundidad y por su personalidad, por esa manera de cantar llena de referencias, pero a su manera. Fueron siete escenas y en la primera apareció en un vídeo sobre Lebrija, el pueblo que donde nació. Entre el público había lebrijanos y muchos aficionados de otros lugares que no han aparecido por la Bienal. Algunos artistas también, que tampoco se han dejado ver mucho por el festival sevillano. Anoche había que arropar al homenajeado y estuvieron amigos y artistas que lo aprecian y que querían estar con él. Juan estaba feliz, risueño, pero se le veía cansado. Supongo que también estaría preocupado por tratarse de la clausura de un festival largo en el que ha habido de todo, como en todas sus ediciones. Pero todo salió según lo previsto y al final el artista estaba contento y agradecido. Tanto que hasta se dio una pataíta por bulerías ante un genio de la pataíta como es el jerezano Diego Carrasco. Feliz también porque gustaron los invitados por él para acompañarlo en esta noche de reconocimiento a su carrera. lebrijano-02Uno de sus discípulos, José Valencia, cantó estupendamente por bulerías, una de sus creaciones. Inés Bacán, su prima, trajo el perfume gitano de la marisma lebrijana y su primo Tomás, el hijo de su tío Perrate, los ecos rancios de Utrera y las cantiñas de Pinini para que las bailara una inspirada Carmen Ledesma. Dorantes volvió a maravillar con sus manos y Juan José Amador estuvo iluminado recordando obras importantes de Juan Peña, que están en la memoria de todos. Obras de una de sus etapas de mayor creatividad, cuando realizó discos como La palabra de Dios a un gitano y Persecusión. El Carpeta, el menor de los farruco, otro nieto del genio, adornó esta parte y maravilló luego por bulerías, refrescando algo una actuación quizás demasiado larga. La gente estaba a gusto, pero quería escuchar de nuevo al verdadero protagonista de la noche, El Lebrijano, que al fin apareció con sus músicos y deleitó a todos con ese encuentro, de tan buenos resultados y recuerdos, de la música andalusí con el flamenco. Antes había preparado el terreno de la emoción con Mi condena, sus famosas galeras, en las que nos emocionó la voz magistral y ya ausente de Félix Grande. En la música andalusí Juan cantó Lágrimas de cera y Dame la libertad. Y el público aplaudió con una fuerza tremenda una música deliciosa y una voz que si ya nos había partido el alma en las seguiriyas, sacadas adelante a base de golpes de corazón y riñones, ahora era un una laguna en calma. Luego vino Diego Carrasco a liarla con su guitarra y la voz algo tomada para que la noche acabara en fiesta y cerrar la Bienal con un homenaje a un cantaor que no solo es una figura de este tiempo, sino de todos los tiempos. Quizás hubiera merecido algo más que una clausura, por su importancia como maestro del cante y revolucionario. Dijo el director del festival al principio de esta Bienal que el festival sevillano no está en deuda con nadie. Pero el mundo del flamenco sí lo está, con El Lebrijano y con otros y otras como él que han aportado mucho a este arte. Pero, como suele decirse, menos da una piedra. Juan estuvo feliz, a gusto, los invitados fueron generosos con él y el público despidió en pie a la gran figura del cante gitano, una de las pocas que nos quedan.

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