Cultura

Un majestuoso 'Lago de los cisnes' triunfa en el Maestranza

El Teatro de la Maestranza despide el año con una majestuosa producción de El lago de los cisnes. El más popular de todos los ballets se representa hasta mañana -con las entradas agotadas- en una versión muy clásica del prestigioso Ballet de Sttugart.

el 14 sep 2009 / 21:46 h.

El Teatro de la Maestranza despide el año con una majestuosa producción de El lago de los cisnes. El más popular de todos los ballets se representa hasta mañana -con las entradas agotadas- en una versión muy clásica del prestigioso Ballet de Sttugart.

Este hermoso ballet fue estrenado en el Teatro Bolshoi en 1877 y pasó sin pena ni gloria hasta que, tras la muerte de Tchaikovski, Petipá realizó una nueva versión a modo de homenaje al desaparecido músico. Al principio trasladó el encargo a su ayudante Ivanov, aunque acabó coreografiando la escena del bosque y la mayor parte de la escena de la fiesta. Esta versión supuso un éxito absoluto y de ella parten las numerosas versiones posteriores.

En esta ocasión, el Stuttgart Ballet ha elegido la creación de Jonh Cranko realizada en 1963, que aporta la novedad de trasladar el protagonismo al papel del príncipe, a cargo del genial Nureyev. No obstante, esta nueva creación de Cranko respetaba el espíritu espectacular de las anteriores. Así esta propuesta, que cuenta con un extensísimo cuerpo de baile, un ingente número de figurantes y un reparto doble para los papeles principales, ha recreado una impactante coreografía, un llamativo y fastuoso vestuario y una iluminación exquisita.

Estos elementos aportan el revestimiento apropiado para esta obra, tan deliciosa como compleja, que ha llegado a convertirse en uno de los mayores exponentes del ballet romántico. Sin embargo, a pesar de que los elementos escénicos resultan majestuosos y que la coreografía de Cranko rebosa dramatismo, esta nueva creación no acaba de cuajar.

Los bailarines demuestran una buena preparación técnica que les permite imprimir limpieza a su baile pero los números principales resultan un tanto fríos, sobre todo en los dos primeros actos en los que ni Jason Reilly ni Elena Tentchikova acaban de conseguir una auténtica transmisión de los sentimientos que la obra convoca. No obstante cabe destacar el solo del cisne negro en el que la Tentchikova, con una interpretación cuajada de gracilidad y tensión dramática, consigue cautivar nuestros corazones. Lástima que no haya tenido la oportunidad de ofrecernos el número final de la muerte del cisne, cuya ausencia, a favor del lucimiento del baile masculino, nos dejó un tanto insatisfechos.

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