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Un Malandar en plena calle

Músicos, empleados y público de la sala precintada dan un concierto al consistorio.

el 15 dic 2011 / 20:53 h.

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La sala Malandar montó su concierto reivindicativo delante del árbol de Navidad que hay frente al Ayuntamiento.
"Desde 2007 dicen que estalló una crisis mundial, pero los músicos llevamos en crisis más que la puerta. Ya no pedimos subvenciones pero por lo menos que no nos quiten dónde tocar". Entre el humor irónico y el tono reivindicativo, músicos como Daniel Mata, de El Callejón del Gato, o Marcos Peñalosa, de Canijos Sin Fronteras, ofrecieron ayer un improvisado concierto con el árbol de Navidad instalado ante el Ayuntamiento como telón de fondo. El motivo: que la Sala Malandar de la calle Torneo, precintada hace una semana, vuelva a abrir como sala de conciertos. Anoche ya reabrió sus puertas, pero solo como discoteca, sin posibilidad de ofrecer actuaciones en directo como las más de mil organizadas en siete años.

"Le pido el Ayuntamiento que abra los ojos, que en Sevilla cabe el flamenco, las sevillanas y también otras músicas, que Sevilla ya no es una capital provinciana y que para qué estamos los músicos si no es para dar esperanza en estos tiempos tan perros que nos han tocado vivir", jaleaba Marcos Peñalosa antes de cantar.

Por allí se acercaron los portavoces municipales del PSOE, Juan Espadas, y de IU, Antonio Rodrigo Torrijos, para mostrar su apoyo a los responsables y trabajadores del Malandar y ofrecerse a buscar una solución negociada. "No se trata de incumplir la ordenanza ni plantear problemas a los vecinos sino de buscar una solución técnica que pasa por la negociación", señaló Espadas. Torrijos criticó que es "una muestra más de la involución y del cambio de modelo cultural que con el Gobierno de Zoido está abriéndose camino en Sevilla".

Pero sobre todo, hubo público, muchos habituales de la sala cuya iniciativa en las redes sociales animó a los trabajadores del Malandar a organizar el acto.
El gerente de la sala, Julio Moreno, explicó que pedirán una ampliación de la licencia actual para que el límite del ruido pase de 92 decibelios a 105, porque es "contradictorio" tener permiso como sala de conciertos y un límite tan bajo. Su fin es evitar tener que pedir una nueva licencia por el retraso que ello supondría y también reclama que se hagan mediciones en casa de los vecinos, ya que la queja procede solo de una y no deja que se mida. Según Moreno, las pérdidas por la semana de cierre ascienden a 5.000 euros. Pero más allá de las cifras están las personas, como David Muñoz, uno de los tres trabajadores que se queda sin empleo como programador de conciertos. "Te persiguen cuando estás dando una opción cultural, 92 decibelios son un aplauso, así que con ese tope estás continuamente delinquiendo".

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