Cultura

Un Maná en pequeñito

el 20 ene 2012 / 18:29 h.

Auditorio Cicus. 19 de enero. Programa: Istanpitta. Medievo italiano. Intérpretes: Pierre Hamon, flautas medievales, flautas étnicas y cornamusa. Carlo Rizzo, canto, panderetas, daf, riq, kanjira y pandereta politímbrica. Concierto inaugural del MAUS 2012 (Muestra de Música Antigua de la Universidad de Sevilla).


En cuatro ediciones, la Muestra de Música Antigua de la Hispalense (MAUS) ya es un ciclo plenamente consolidado dentro de la oferta cultural de la ciudad. Y este año, su programador, Álvaro Garrido (Zanfoñamovil), ha querido ir más allá de los límites de lo convencionalmente antiguo abrazando dos propuestas que colindan con los presupuestos estéticos de la cita y que, a la vez, le hacen ir más allá.

La primera, el recital que propicia estas líneas, a cargo de Pierre Hamon y Carlo Rizzo, la segunda -tendrá lugar hoy, a las 20.30 horas, aún están a tiempo- a cargo del trío Bonavita, Leal y Garrido y un programa sobre el Barroco flamenco. En medio, una propuesta más escolástica, la de ayer, protagonizada por el conjunto Canto Divino.

Parece que a nadie se le ha ocurrido todavía activar en esta Sevilla tan multicultural, tan encrucijada de culturas, una cita musical consagrada a la música étnica. Pero a la de verdad. Fuera fusiones, crossovers más o menos bien preparados, y sempiternas miradas a la siempre tan a mano, tan socorrida, Ruta de la Seda. Por eso el concierto de Hamon y Rizzo fue como un pequeño maná de viento fresco. Ambos intérpretes -que se encuentran entre los más laureado del universo de las músicas pretéritas- se han dejado ver en grupos grandes no, grandísimos, como Alla Francesca y L'Arpeggiata.

Pero cuando se les deja solos en el escenario se mimetizan en otra cosa, un dúo más allá de la escolástica que propusieron un viaje, ligero de alforjas, alrededor del Medievo y el Renacimiento, también de la música sefardí, sarda, mexicana, colombiana e india.De un lado, el veneciano Carlo Rizzo es un italiano que ejerce de ello, fresco, risueño, un punto desenfrenado, mejor percusionista que canzoniéro, un galante improvisador que acompaña mejor las músicas medievales que las iberoamericanas, que aborda desde una rítmica poco espontánea y muy arábiga. 

De otro, Pierre Hamon, fue, una por una, mostrando las posibilidades de un arsenal flautístico lleno de instrumentos europeos y precolombinos. Bellamente adornado el Lamento de Tristán, singularmente interpretados dos saltarellos del siglo XIV y muy personal invocación de la sefardí Las estrellas do cielo. Su virtuosismo fluye natural, desarmante. No hay atisbo de presuntuosidad en estos dos sencillos genios. 

  • 1