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Un manantial de recuerdos de costalero

el 16 sep 2009 / 01:01 h.

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Patricia se come un nuevo caramello mientras su madre, Alejandra Muela, le avisa de que se va a empachar y que esos dulces son para repartirlo por el camino. Y es que ya lleva dos o tres cuando la cruz de guía de Las Aguas aún no había

asomado por la capilla del Rosario.Es todo un manantial de vida en una jornada llena de recuerdos.

Los únicos que estaban apostados a las puertas del templo, cerradas a cal y canto, eran una pequeña cuadrilla de costaleros que, con semblante serio, rememoraban la memoria de su compañero de trabajaderas, Juan Carlos Montes, fallecido un Lunes Santos de hace diez años. Horas más tarde, cuando el misterio llegó al Arco del Postigo, los costaleros le rindieron tributo.

Era un día de costaleros. El capataz del Cristo de las Aguas, José Manuel de Valenzuela, lo sabía a la perfección y, por eso, antes de salir, les dio la voz y la palabra. Los costaleros le correspondieron dedicando la levantá a sus compañeros, como Isaac. "Esperamos que esté con nosotros el año que viene", dijeron antes de salir al gentío de la calle Dos de Mayo.

Testigo de esas palabras fue la pequeña Patricia, de dos años, arropada por su padrino, diputado de tramo, y su madre delante del misterio.

También lo oyeron algunos ancianos de la residencia de La Caridad, que estaban sentados en un improvisado palquillo que habían montado junto a la capilla. Todos sentados menos uno. José Muñoz, de 76 años, está de pie. "Me gusta verlo así", confiesa. Y así estuvo hasta que la Virgen de Guadalupe llegó, recibió la tradicional saeta de El Sacri y se marchó rumbo a la Carrera Oficial. Ya era hora de volver a casa.

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