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Un martes al mes

A diferencia del simbólico silencio de los franciscanos franceses, en la manifestación de Madrid se escucharon vehementes discursos. En la place du Capitole de Toulouse, en Francia, catorce monjes franciscanos, desde el pasado octubre, se manifiestan durante una hora...

el 14 sep 2009 / 22:27 h.

En la place du Capitole de Toulouse, en Francia, catorce monjes franciscanos, desde el pasado octubre, se manifiestan durante una hora el último martes de cada mes. A pesar del frío ambiental, iluminados por la sombría luz de las farolas, el pequeño grupo se despliega en lo que llaman un "círculo de silencio". El padre Alain Richard, de 83 años, invita amablemente a los curiosos a compartir la silenciosa manifestación. Pretenden concienciar de una situación que califican de humillante, indigna, de un centro público de un barrio, a unos escasos diez kilómetros de donde se reúnen, en una ciudad tan simbólica de la industria aerospacial como Toulouse. Una protesta por las condiciones de los extranjeros sin papeles en el centro público de Cornebarrieu. En Francia, un pequeño grupo de religiosos, inspirados por la filosofía de Gandhi, ocupan un pequeño espacio de una plaza, demostrando, mediante el ejercicio de sus derechos democráticos, su actitud de defensa de minorías, su preocupación por los marginados de las instituciones, por las víctimas de políticas oficiales muy concretas.

En otra plaza de una gran ciudad, esta vez española, un sector muy conservador de la Iglesia católica, con amplios espacios de poder eclesiástico, demostraba hace pocos días unas preocupaciones de índole bien diferente. Con el lema de defensa de la familia, con un gran despliegue de medios para su convocatoria y celebración, se celebró una manifestación en la que se pudieron oír gruesos discursos contra el Gobierno. A diferencia del simbólico silencio de los franciscanos franceses, en Madrid se escucharon vehementes discursos. Muchos han denunciado la intencionalidad política de esta convocatoria, dada la proximidad de las elecciones de marzo. Sin duda, han ejercido un legítimo derecho, un ejercicio que también conlleva exponerse a la crítica de quienes no comparten sus valores.

Pero el principal problema de esta agresiva concentración, más allá del sentido de las reivindicaciones políticas de los que hacen de la fe el sentido de su existencia, radica en la sensación que embarga a muchos ciudadanos de pérdida del sentido de la realidad de sectores que no aceptan la lógica de los tiempos.

Fue una manifestación, la de Madrid, que evidenciaba, entre otras cosas, un gran pesimismo. Una sensación de minoría marginada, acorralada por un miedo ante el futuro por el debilitamiento de ese modelo de familia cristiana, o lo que es lo mismo, por el declive del espacio más eficaz de transmisión de su fe. Ejercieron con normalidad sus derechos políticos, reivindicaron sus banderas ideológicas, pero no evaluaron los riesgos de que fueran percibidos como una ideología crispada, excluyente, distantes de los problemas reales de nuestro tiempo, enredados en conflictos que la mayoría no percibe, en una errónea estrategia que confunde acción de Gobierno con los cambios que están afrontando las sociedades más avanzadas, presionadas por el empuje inevitable de una convivencia más globalizada y orientada al mestizaje.

Gonzalo Suárez Martín es abogado

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