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Un Martes que es miércoles

El Cerro inicia el camino del 25 aniversario de su fundación como hermandad

el 08 jun 2011 / 17:57 h.

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La hermandad del Cerro del Águila emprendió ayer el camino arropada por sus vecinos.

No, no era ayer Martes Santo en el Cerro del Águila, pero se parecía mucho. La calle de Nuestra Señora de los Dolores estaba cortada al tráfico desde primeras horas de la mañana, unas cadenetas de flores de papel blanco adornaban el tramo que ocupan las casas de hermandad de las dos corporaciones del barrio: el Cerro de penitencia o hermandad de los Dolores y el Cerro de gloria, la filial de la Virgen del Rocío . Y es que ayer iniciaba su camino la institución rociera.

Antes de las 8 horas ya aguardaba la carreta de plata, que lucía su techo remodelado, cincelado y con nuevos angelitos sosteniendo una corona, en la puerta de la parroquia. Ayer, a diferencia del pasado Martes Santo, abierta de par en par, llena de fieles que seguían la Misa de Romeros, entre los que se contaba a Francisco Fernández, delegado en funciones del distrito Cerro-Amate, y su sucesor en el cargo, José Miguel Luque, del PP.

En el exterior, peregrinos y vecinos se iban congregando hasta abarrotar el atrio del templo y la calle, tanto que los responsables de la corporación tuvieron que abrir un pasillo para que el cortejo pudiera colocarse en orden y el Simpecado tuviera por dónde llegar a su carreta. En cuanto la comitiva de la hermandad formó, perfectamente en orden, con sus banderas, estandartes, varas y libro de Reglas, antecediendo al Simpecado -que lucía la Medalla de la Ciudad que le fue concedida el pasado día de San Fernando con motivo de su 25 aniversario fundacional-, cual cofradía de Semana Santa, se hizo el silencio.

El tamborilero interpretó la Marcha Real en el momento de la salida del Simpecado -si hubiera sido Martes Santo, las Nieves de Olivares habría tocado el Himno de Andalucía- y el público se unió en un aplauso, al que siguió un nuevo silencio para escuchar a unos 50 alumnos de Primaria del Colegio Altair entonar con sus flautas y tamboriles la Salve de Pareja Obregón, el famoso "Olé, olé...", que el público tarareó cuando llegó al estribillo. Lo mismo ocurrió cuando cantaron Con flores a María.

El Simpecado ya estaba en su carreta, perfectamente fijado, rodeado de flores multicolores, de espigas y racimos de uvas. El coro de la hermandad inició la Salve del Cerro y la calle siguió entusiasmada mientras que desde el balcón del segundo piso de la casa que está frente por frente a la puerta de la parroquia -como si fuera Martes Santo- empezaron a llover pétalos de flores -4 cajas grandes-. Para entonces, las lágrimas ya eran incontrolables. Tras los vítores que lanzó el prioste, el coro cantó unas sevillanas dedicadas a la hermandad que corearon los jóvenes desde el balcón: "Ven con el Cerro al Rocío y verás cómo te quita el sentío", agitando brazos y sombreros.

Los vecinos salían de los comercios, de las casas, para despedir a la carreta, a los 350 romeros del Cerro y a los caballistas, entre los que, sin duda, la estrella fue Rocío. La pequeña, de dos años y ya con experiencia en los caminos, inició éste sobre su pony, Manchita, que la llevó hasta Tablada. Después, con sus padres.


En la avenida de Hytasa, se sumaron las carriolas y los coches de caballo al cortejo. En la rotonda con la Ronda del Tamarguillo, José Villegas, el carretero, mandó a Bonito y Artillero, sus bueyes, darse la vuelta. El Simpecado se despedía de su barrio.
Quedaba atrás El Cerro pero todavía faltaban algunas sorpresas. En el Colegio Ortiz de Zúñiga, con la hermandad de la Juncal, con la Guardia Civil de Eritaña, en la Clínica de Fátima y con la hermandad castrense de Tablada. Todos les desearon, como resumió la directora del colegio, Ana María Castaño: "Que la Virgen os acompañe y volváis renovados con la fuerza del Espíritu". Con todos, Mariano Fernández, el hermano mayor, se comprometía: "Pediremos por vosotros a la Virgen".

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