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Un mesías 3.0

el 12 dic 2010 / 16:49 h.

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El abogado de Eufemiano Fuentes, a las puertas del juzgado.

El Vaticano anda preocupado desde hace un tiempo por la fe. La fe católica, cristiana y romana. Una situación que ha obligado al Papa a emprender la llamada reevangelización de Occidente ante el imparable avance del "laicismo agresivo". Los recientes acontecimientos planetarios (copyright de Leire Pajín) vienen a ratificar lo que cuentan las últimas filtraciones cibernéticas: iInternet se ha topado con la Iglesia. O de lo contrario Benedicto XVI y su curia sabrían de la llegada de un nuevo mesías a la Tierra: Julian Assange.

Assange es el fundador de Wikileaks, un sitio web para la publicación de forma anónima de documentos secretos. Desde su creación en 2006 se ha convertido en la gran plataforma de las filtraciones, el lugar donde se cuestionan las verdades oficiales. Y es la búsqueda de la verdad el motor que mueve a este australiano de 39 años. Según sus propios textos, su objetivo es desenmascarar a los regímenes opresores o megapotencias como EEUU a través del acceso a información confidencial y que más tarde comparte con el mundo.

La defensa de la verdad y la libertad -su catecismo- han convertido a Assange en el personaje de moda, seguido por un regimiento de fieles dispuestos a cubrir las espaldas de su líder a cualquier precio. Precio que ya conocen las empresas u organismos que estas semanas se han sumado al acoso contra Assange y Wikileaks: los servidores de MasterCard, Visa, PayPal, Amazon, la Fiscalía Sueca o el senador que exige su ejecución han sido atacados por miles de ciudadanos devotos de un hombre que sus conocidos describen como extremadamente inteligente, carismático, trabajador y valiente y sus enemigos llaman terrorista. En estos momentos su popularidad es tal que la prestigiosa revista Time sopesa seriamente nombrarlo hombre del año. Una notoriedad que Assange debe a EEUU.Y es que una persona y su pequeño batallón, armados con el poder que proporcionan internet y las tecnologías de la información, han expuesto a la primera potencia mundial al escarnio público. Primero al filtrar en julio pasado 75.000 documentos secretos sobre Afganistán y que destapan la muerte de 20.000 civiles afganos aún sin aclarar. Sólo unos meses más tarde, en octubre, publicó 400.000 textos sobre Irak, unos informes que revelan la guerra sucia del Ejército estadounidense en Irak -ejecuciones públicas, torturas así como la ocultación del asesinato de más de 15.000 civiles-. Y la afrenta (por ahora) concluye a finales del pasado mes de noviembre con la exhibición de 250.000 cables diplomáticos del Departamento de Estado norteamericano, unas comunicaciones que permiten comprobar el poder que ejerce o intenta ejercer la superpotencia en cada rincón del planeta. Rincones donde siempre hay algún político, juez, empresario o banquero dispuesto a colaborar con el Gobierno yanqui.

Con el fin de evitar nuevas y tan comprometedores filtraciones EEUU tiene a un equipo de 120 personas trabajando para frenar los efectos de las filtraciones. No obstante, ello no ha evitado que la responsable de la diplomacia del país, Hillary Clinton, haya tenido que dar explicaciones (demasiadas para las que Washington está acostumbrado) a los líderes afectados por las revelaciones.

La magnitud y el secretismo envuelven todo lo relacionado con Julian Assange. Google registra más de 530 millones de resultados sobre el llamado Cablegate y es el tema del momento en las redes sociales. La seducción de lo prohibido no conoce límites. Algo que sabe perfectamente este informático, periodista y programador. Por eso hace años que cambia de teléfonos como de camisa, utiliza nombres falsos en los hoteles y usa efectivo en lugar de tarjetas de crédito. Unas prevenciones que deben venirle de su época de hacker en su Australia natal, en donde estudió en 37 colegios y seis universidades ante los constantes traslados de sus padres, trabajadores de un compañía teatral itinerante. Uno de los pocos datos biográficos que se conocen debido a su hermetismo.También se sabe que a los 16 años ya era un reputado pirata informático -Mendrax era su nombre de guerra- y en 1991 fue acusado de una veintena de delitos por penetrar en los sistemas ajenos. Por aquello tan sólo tuvo que pagar 2.100 dólares.

Más caro parece que le va a salir su estancia en agosto pasado en Suecia, a donde acudió a disertar sobre el periodismo y las filtraciones. Hoy está en una cárcel del Reino Unido, país donde se entregó tras ocultarse de una orden de busca y captura de Interpol, acusado de violación y abuso sexual. Sus seguidores ven la mano negra de EEUU detrás de su arresto. La Justicia decidirá. Mientras seguirá en prisión, donde hasta los reos saben de su existencia, y lo han acogido con tanto entusiasmo que ha tenido que ser aislado. El mundo tiene otro mártir.

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