viernes, 14 diciembre 2018
21:08
, última actualización
Cofradías

Un Miércoles para desquitarse

Los sevillanos tomaron en masa las calles en el primer día pleno de cofradías en un intento por recuperaremociones perdidas.

el 04 abr 2012 / 10:13 h.

-->-->--> Ya lo dijo el hermano mayor de San Bernardo, José María Lobo, cuando se dirigía a sus hermanos momentos antes de que se abrieran las puertas de la parroquia. "Sabemos que Sevilla necesita a sus imágenes y hemos decidido hacer estación de penitencia". Y cuánta verdad encerraban sus palabras. No importó que fuera un día de cielos encapotados ni que las primeras cofradías de la jornada tuvieran que sopesar echarse a la calle con un riesgo del 50% de lluvias muy débiles a media tarde, amenaza que no llegó a materializarse. Había tantas ganas de cofradías contenidas que los sevillanos apuraron en masa hasta el último sorbo de este dulce cáliz llenando las calles y arropando más que nunca a los nueve cortejos del día. Sin titubeos, los 1.650 nazarenos de La Sed se echaban a la calle puntualmente junto a la Gran Plaza. Después de tres jornadas desdichadas, al fin un día de la Semana Santa comenzaba con normalidad. El Crucificado de Nervión lució ayer nuevamente potencias y corona de espinas, pero la gran atracción de la cofradía era el estreno de las nuevas caídas del palio de la Virgen de Consolación. La bordadora Charo Bernardino y sus hijas, el imaginero Fernando Aguado y el orfebre Fernando Marmolejo, artífices de esta obra, asistieron desde un sitio de excepción al bautizo procesional de esta joya de las artes suntuarias inspirada en los motivos ornamentales de la fachada de la parroquia de la Concepción y que causó una grata impresión. El sol jugueteó por unos instantes entre las nubes en la salida de San Bernardo, una cofradía de moldes clásicos y de estética tan asolerada que apenas admite innovaciones. Mucho menos en el andar de los pasos. "Vamos a dejarnos de cosas raras. Esto es San Bernardo. Esto no es el Polígono", amonestaba Carlos Villanueva hijo a su cuadrilla. Palabras que causaron cierto escozor en el Polígono de San Pablo y que obligó al vástago de los Villanueva a pedir disculpas públicas en la Campana. Se apreció la mano del nuevo vestidor de la Virgen del Refugio, José Manuel Lozano. La dolorosa de Sebastián Santos lució ayer más enjoyada de lo habitual y con el tocado mucho más abierto, dejándo entrever su pelo. La tercera hermandad en iniciar su estación, la del Carmen Doloroso, se acordó en su salida de sus hermanos de Los Javieres, cofradía que el día anterior no pudo sacar sus pasos a la calle. La corporación carmelita sigue intentando imprimirle un estilo propio a su cortejo, muy inspirado en aires trianeros. De la mano de Pepe Aguilar, su vestidor, la Virgen marinera de la calle Feria lució un nuevo tocado que recordaba mucho al refregaó de la Esperanza de Triana, hermandad que amadrinó su primera salida. El día anda metido en retrasos cuando los nazarenos del Buen Fin comienzan a atravesar la Campana. Desde San Lorenzo llega cada año un primor de cofradía cuya puesta en escena parece anclada en el tiempo. El Cristo del Buen Fin se adormece con los sones clásicos de la Centuria. La Virgen de la Palma lució ayer en su mano izquierda la rosa de pasión del programa Cruz de Guía de la Cadena Ser, concedida este año en su 30 aniversario al Centro de Estimulación Precoz. El de La Lanzada es otro de esos cortejos tan singulares como imprescindibles en la nómina de la Semana Santa. La cofradía se comprime al máximo en la Campana en un intento de recuperar parte del retraso que ya acumula el día, lo que provoca que el barco neogótico de San Martín se mantenga clavado sobre los pies, marcando el paso, sin avanzar, metros antes de llegar al patíbu lo. Los ramos cónicos de rosa color champán se han hecho irreemplazables en el exorno del palio de la Virgen del Buen Fin. Testigo del tránsito de esta cofradía por los palcos fue la secretaria general del PP, María Dolores de Cospedal.  Cae la noche cuando los 1.600 nazarenos del Baratillo tiñen de azul el adoquinado de la Campana. Sin las plumas adornando sus cascos, la banda del Sol desgrana un repertorio de lo más clásico para acompañar el apresurado tránsito del misterio de la Piedad en el inicio de la Carrera Oficial. Precioso el exorno floral que lució ayer el paso de la Virgen de la Caridad, con bolas de claveles blancos en las esquinas y jarras delanteras de jazmines y bougardias. Delante del palio baratillero se recuerda a Manuel Cabalgante, subdirector de la banda del Carmen de Salteras fallecido el primero de enero a los 25 años, y en cuyo honor su formación interpreta Caridad Coronada, la marcha que sirvió de prólogo musical pregón de Ignacio Pérez Franco. Desde San Pedro llega a la Carrera Oficial la única cofradía de negro de la jornada. La noche se vuelve desagradablemente fría cuando el Cristo de Burgos atraviesa la Campana. Un bullicioso coro de monaguillos antecede al palio de Madre de Dios de la Palma. Delicada, fina, elegante, la dolorosa de San Pedro surca la noche embebida en los sones de la banda sonora luctuosa que desgranan los músicos de Tejera. Las elegantes túnicas de las Siete Palabras se adentran en la Campana. Todo el mundo repara en la falta de las águilas bicéfalas robadas en el paso del Nazareno de la Divina Misericordia.  Sabor romántico en el misterio de las Siete Palabras -un acierto el acompañamiento musical- y representación de la Guardia Civil de gala en el palio de la Cabeza. Los Panaderos puso el broche a un día vivido casi con la ilusión de un Domingo de palmas. El olivo de la calle Orfila levantó grandes ovaciones a su paso. El palio de Regla volvió a lucir un exorno floral muy similar al que pudo ver Benedicto XVI en Madrid, con pan de oro y rosas de Holanda. Ahora toca soñar con otro día pleno.

  • 1