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Un momento crucial

Es mayoritaria la opinión de que la reciente historia democrática ha sido un proceso progresivo y lineal, de éxito casi inevitable al margen de quien gobernara en cada momento. Nada más lejos de la realidad. Tras los gobiernos de Felipe González, un grupo de dirigentes conservadores trazaron un nuevo ciclo político al que se atrevieron a llamar Segunda Transición.

el 15 sep 2009 / 00:47 h.

Es mayoritaria la opinión de que la reciente historia democrática ha sido un proceso progresivo y lineal, de éxito casi inevitable al margen de quien gobernara en cada momento. Nada más lejos de la realidad. Tras los gobiernos de Felipe González, un grupo de dirigentes conservadores trazaron un nuevo ciclo político al que se atrevieron a llamar Segunda Transición. Un concepto, en cuya cocina participó Rajoy, que resultó letal para los valores y modos de hacer política característicos de la fundación de nuestra actual democracia. Una estrategia que ha supuesto una etapa histórica dominada por una polarización extraordinariamente agresiva, que ha agriado con su virulencia el ambiente social y político de la última década. Una acción partidaria fundada en un proyecto ideológico muy conservador, en el que se mezcla adoración a la libertad de mercado, complicidad con poderosas elites sin legitimidad democrática, interesada vinculación entre religión y política, recorte de derechos individuales, sobre todo si son sexuales, uso del terrorismo con fines electorales, un constante desprecio hacia lo público y una gran pasión por las rebajas impositivas.

El próximo 9 de marzo va a ser una cita que cobra especial significación histórica, porque la decisión de los votantes va a trascender la posibilidad de la continuidad o alternancia del actual Gobierno. En esta convocatoria, los ciudadanos van a tener la oportunidad de prolongar o terminar definitivamente con un ciclo histórico, sintetizado en esa excesiva visión de una segunda transición. Nos vamos a enfrentar inevitablemente a un nuevo periodo de nuestra Historia. Una nueva etapa en la que todavía se pueden recuperar los valores originales de nuestro sistema democrático, o, por el contrario, de correr el riesgo de instalarse permanentemente en una dinámica de continuas fracturas sociales, en la peligrosa normalidad de una confrontación infinita.

Es hora de preguntarse si el modelo actual de convivencia es el más adecuado para nuestra realidad y posición en el mundo. Si es el mejor para nuestros intereses colectivos. Si somos capaces de liberarnos de ridículas simplificaciones ideológicas, de mensajes que de oportunistas rozan el ridículo, reconociendo lo importante, lo relevante, lo necesario. España no es un cuadrilátero donde un boxeador tiene que alzarse con una victoria a base de golpes. Se ha alcanzado tal nivel de ruido en la escena política nacional, que los ciudadanos han de exigir con su voto unos principios de actuación política que todos podamos respetar, demandando dar con la fórmula de la tranquilidad política, negando posibilidades de éxito a quienes gustan de la dañina polarización ideológica y la movilización social permanente. El 9 de marzo marcará el comienzo de una nueva época de nuestras vidas. Ese día, deberemos votar sabiendo que cada generación adquiere el compromiso de gobernar el presente pensando en el futuro. Un momento absolutamente crucial para nuestro destino colectivo como país.

Abogado

opinion@correoandalucia.es

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