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Un Napoleón a la húngara

el 19 sep 2010 / 08:28 h.

Inteligente, impaciente, narcisista, vulgar, hiperactivo, ambicioso, trabajador incansable, populista, cercano, acomplejado, mujeriego, conquistador, patriota, obsesivo, autoritario, provocador... y, sobre todo, complejo y contradictorio. Es Nicolas Sarkozy de Nagy-Bocsa Mallah (París, 1955), el hombre en guerra contra la inmigración ilegal en general y los gitanos en particular (circular gubernamental dixit) y pese a ello es el primer presidente de Francia de origen extranjero; en concreto, de Hungría, un país con una importante población cíngara.

Hoy su patriotismo exacerbado y la vehemencia de su discurso identitario llaman aún más la atención si se comparan con los pormenores de su árbol genealógico. Nicolas Sarkozy es hijo de un inmigrante húngaro, Pal Nagybócsai Sárközy, que nació en Budapest en 1928 en el seno de una familia perteneciente a la pequeña aristocracia y que tuvo que huir del comunismo durante la II Guerra Mundial.

Tras un periplo por Europa, Sarkozy padre recaló en París y afrancesó su nombre buscando un porvenir mejor. Y su madre es Andrea Mallah, hija de un cirujano de París de origen sefardí, Benedicte Mallah, una persona que tuvo una enorme influencia en la formación (gaullista) de su nieto.

El apellido materno identifica no sólo las raíces judías de la estirpe -hoy convertida al catolicismo- sino que la relaciona con las andanzas de una familia sefardí que escapó de España durante las persecuciones para recalar en Tesalónica (Grecia).

Su pasado y el abandono de su padre cuando apenas contaba cinco años modelaron su carácter. En la biografía semioficial de Catherine Nay asegura que de adolescente se sentía inferior a sus compañeros, sufría inseguridades por su baja estatura -que oscila entre los 165 y 170 centímetros en función de la altura de las alzas que adquiere en la sevillana masaltos.com- y la falta de dinero de su familia. Y es que aunque procede de una familia burguesa y se crió en barrios acomodados no estudió, como otros muchos dirigentes franceses, en las grandes écoles o en la Escuela Nacional de la Administración, que ha formado generaciones de políticos y funcionarios; sino en la Universidad París X, donde cursó Derecho, tras no poder entrar en Ciencias Políticas por su bajo nivel de inglés.

"Lo que me hizo lo que soy ahora fue la suma de todas las humillaciones sufridas en mi infancia". Y debió jurarse que ninguna más. Este político precoz, que en el año 1975 encandiló a Jacques Chirac al capitalizar un congreso gaullista que tan sólo le tenía reservado un mero papel de telonero, logró el éxito (y el dinero que tanto anheló) gracias a su apuesta por la meritocracia, enarbolar la bandera del patriotismo "recuperando" el orgullo de ser francés, su mano dura contra la delincuencia urbana, la inseguridad y la inmigración ilegal, su discurso cercano (populista, según algunos), su capacidad de renovación -o, según el Frankfurter Allgemeine Zeitung, convertirse en "el político más ambicioso y despiadado de Europa sin una verdadera convicción, sino que se alinea según el humor del pueblo"-.Tal vez por todo ello ha logrado ocupar todos los cargos posibles en los diferentes partidos conservadores refundados en Francia y ha sido alcalde, diputado, secretario de Estado, ministro en diferentes Gobiernos, presidente y... héroe, un papel que se ha reservado en más de una ocasión: como cuando en 1993, en una toma de rehenes en Neuilly-sur-Seine negoció directamente con el secuestrador jugándose su vida... y la de los secuestrados. O cuando en 2007 viajó por sorpresa a Chad para rescatar a 16 europeos, entre ellos cuatro españoles, detenidos por un presunto intento de secuestro de 103 niños por parte de la ONG Arca de Zoé, con una parafernalia más propia de Hollywood que de Francia.

Pero, sobre todo, Sarkozy es un mago capaz de revertir el mayor de los reveses: convirtió su divorcio de Cecilia Siganer-Albéniz y su noviazgo y posterior boda con la altísima modelo y cantante italiana Carla Bruni en un acto de promoción personal y, en su último show, el pasado jueves logró que todos sus socios europeos censuraran a la Comisión Europea por comparar las deportaciones de gitanos con aquellas otras de la Segunda Guerra Mundial... pero ni un reproche para Francia y Nicolas Sarkozy por expulsar a ciudadanos de Europa por su etnia... ...Y Napoleón necesitó un ejército para conquistar Europa. ¡¡¡Liberté, égalité, fraternité!!!

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